YA ES SEMANA SANTA

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domingo, 16 de febrero de 2025

LAS BIENAVENTURANZAS

santo Evangelio según san Lucas (6,20-26) 

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.  



Los hombres creían que iban a poder construir su felicidad a base de recetas pero se equivocan. Dios viene a remover las cartas, a darle la vuelta a este mundo. 

 Ha llegado el Reino, donde todo es gracia y lo que se llama "muerte" se convierte en "vida" y el pecado se transfigura en perdón y en gracia. 

 Ya no están en primera fila la violencia, la riqueza, el dominio, el prestigio y cosas así. Quedan sustituidos por la paz, la mansedumbre y la pobreza del Reino. 

El mundo de los hombres se ha venido abajo; nace el mundo de Dios: le tierra ha sufrido una revolución. 

 Bienaventurados aquellos que comprenden este nuevo camino: Serán como acróbatas de la vida, que confiando en la sola Palabra, cruzarán el abismo de este mundo herido de muerte y llegarán a la otra orilla. ¡Qué dicha que Dios mismo nos llame bienaventurados! ¿Tu, te sientes así?



Las "Bienaventuranzas" son promesas en las que resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús inaugura, y en las que "se invierten los valores".


sábado, 15 de febrero de 2025

LA GENTE COMIÓ HASTA ARTARSE

 Evangelio San Marcos (8,1-10) 

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».


Terminamos la semana como la empezamos, contemplando a Jesús ocupándose de los que más lo necesitan: "Llevan ya tres días conmigo y no tienen que comer” Jesús no se conforma solo con hablar de lo que significa el Reino de Dios, sino que procura que a sus oyentes no les falte de nada. Alimento espiritual y alimento corporal. Porque la salvación de la persona es íntegra, no se puede separar el alma del cuerpo.

Jesucristo ve las necesidades de aquella multitud, siente lástima y se compadece. No se queda indiferente sino que actúa, comprometiendo a los demás, y de ahí la pregunta ¿cuántos panes tenéis?

 Sean siete o cuatro, no importa la cantidad sino la disponibilidad para ofrecerlos y compartirlos. Lo poco que tenían lo pusieron a disposición del Señor, tanto de panes como de peces y la multitud, hambrienta, se sació y aún se recogieron sobras hasta llenar siete canastas, tantas como peces ofrecieron. 

Lo que se comparte se multiplica y así el Señor nos viene a preguntar, en esta víspera de la Campaña de Manos Unidas ¿cuántos panes tenéis? 


Como Jesucristo tenemos que sentir el dolor, el pesar, el hambre y la extrema vulnerabilidad de los más pobres entre los pobres, para movilizarnos y «sacar de la despensa nuestros siete panes» antes de que se pongan duros; y «ofrecer nuestros peces antes de que huelan mal» Lo que no se da con amor huele mal, lo que se guarda sin compartir endurece, porque «endurece el corazón». Que nuestra compasión nos anime a actuar como Jesús y sea el antídoto a la indiferencia del mundo, que condena a muchos al olvido.


Cuando el hombre se compadece de sus hermanos, entonces empieza la salvación, se restablece la comunidad entre los hombres y nos responsabilizamos de su porvenir. La compasión es connivencia, es comunión, es pasión.¡Seamos compasivos!

Señor, tú que te compadecías de los hambrientos, de los pobres, de los enfermos, eres el mismo que entonces: sientes compasión por todos los que sufren. Tu corazón no puede cambiar. Vengo a que me cambies el mío. Que todo el bien que hoy pueda hacer a mis hermanos salga de mi corazón enternecido.

viernes, 14 de febrero de 2025

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO

“ La gente comió hasta quedar saciada ”

según san Marcos 8, 1-10 

Muchas veces, ante las situaciones de necesidad de la gente, sentimos lástima, nos da penita ver sus carencias, sus pobrezas y miserias. Y con un tono, ciertamente lastimero, expresamos nuestro pesar: “¡qué lástima!, ¡cuántas miserias y pobrezas!, ¡cuánta hambre en el mundo!.

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino.

Jesús contempla aquella multitud que lleva tres días con él, los ve desprovistos de alimentos para seguir y para el camino si los despide, vayan a desmayar en el regreso a sus casas, porque algunos eran de lejos. Pero Jesús no se queda en un sentimiento lastimero, en expresar una pena, Jesús se conmueve. Se pone en movimiento y así, pregunta a sus discípulos de cuántos panes disponen.

 Además, algunos han venido desde lejos».

 Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?». 

Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete». 

Tienen siete panes, y si en siete días puso Dios en marcha la creación, ahora, con siete panes Jesús va a poner en marcha la compasión. Porque Jesús se compadece de aquella multitud que tiene que regresar a sus casas después de haberlo escuchado y acompañado. Para que no vayan a desfallecer, para que tengan fuerzas para el camino, Jesús quiere que además de sus palabras en el corazón y en el recuerdo, se vayan alimentados. 

Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. 

Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobres ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también. 

Siete panes se van a multiplicar en sus manos para saciar a los cuatro mil, que quedarán satisfechos y recogerán siete canastas de sobras. 

Sentir lástima puede ser un sentimiento vago (¡pobrecitos! Qué le vamos a hacer!), pero la compasión pone en movimiento (¿qué tenemos para solucionar esto?).

La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

El Señor no nos pide hacer milagros, sino simplemente poner a disposición lo que somos y lo poco que podemos aportar, si quien salva, si quien realiza la obra es Él, y que detalle que quiera contar con nuestra pequeñez, Él es el que nos enseña a mirar a las personas no ya sólo con nuestros ojos y sentimientos, sino desde su perspectiva. 

El Señor nos impulsa a partirnos, repartirnos con el mismo espíritu vivido en la Eucaristía para los demás y, por tanto, a ser ejemplo de entrega, caridad y oración.

VIERNES

“ El reino de Dios ha llegado a vosotros ”



según san Lucas 10, 1-9 

El Evangelio de la jornada que se propone abunda en la evangelización, esa misión ‘ad gentes’ con que la Iglesia ha ido dando a conocer el mensaje a todos los pueblos para los que Cristo es luz, como proclama la constitución ‘Lumen gentium’ del Concilio Vaticano II.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. 

En la ardua labor de evangelización nos sostiene y acompaña la certeza de que él, el Dueño de la mies, está con nosotros y guía sin cesar a su pueblo. Cristo es la fuente inagotable de la misión de la Iglesia.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino!

 Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. 

Al buen evangelizador, las estrategias les sobran, las maletas les estorban, los seguros les son inútiles. Mirad a los setenta y dos discípulos partir sin más certeza que la de ser portadores de paz y testigos de una noticia de gracia.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

 Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. 

La mies es abundante, porque la paz de Dios ha de manifestarse. Y si la Iglesia tiene que vivir el Evangelio, es para salvar la cosecha.

Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, en ella y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”».

La mies sigue siendo abundante y los obreros son pocos por muchos que haya. Tú eres obrero también, ponte a cosechar sin más dilación, sin dejarte llevar por el derrotismo por la vastedad de la tarea. El modelo de los santos patronos de Europa es un buen espejo en el que mirarse.



Pidamos por esta vieja Europa que olvida fácilmente sus raíces evangélicas.

JUEVES

“ Fue a buscarlo y se le echó a los pies ”



El texto del evangelio de Marcos narra un encuentro bastante particular. Jesús se adentra en territorio extranjero, en la región de Tiro. En el marco de la ley judía, estricta en cuanto a la prohibición de trato con los gentiles, y tras el pasaje anterior con la dura crítica a las tradiciones judías sobre lo puro e impuro, sucede esta escena, chocante y enternecedora a la vez, de Jesús con una mujer fenicia de Siria.

según san Marcos 7, 24-30 

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.

 Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. 

El corazón de Jesús, que pertenece a un Dios que es Padre, no puede dejar de estremecerse ante la réplica y la súplica de una madre que sufre por su hija, rompe las barreras de leyes y nacionalidades, y se desborda para sanar y liberar a todo el que sufre.

La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

También allí hay hospitalidad. Jesús, que quiere pasar desapercibido, encuentra una casa que le acoge. Encuentra también una mujer que cree en Él. O mejor, es la mujer quien le encuentra a Él y le ruega que expulse de su hija el demonio.

 Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». 

Dura la respuesta de Jesús: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos… Extraordinaria la ingeniosa reacción de la mujer: Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños… Magnífica la conclusión:

Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija»

. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.


Quiero que me des la fe de esta mujer cananea, la fe de una mujer que nunca ha estado en el templo de Jerusalén, ni sabe nada de los libros de la Biblia. Una mujer que pone su corazón y todo su ser en la plegaria; una mujer que ha rezado poniendo delante de ti su vida desgarrada por el dolor de su hija gravemente enferma. Dame, Señor, la gracia de rezar así, poniendo mi vida rota y maltrecha delante de ti.

MIERCOLES

MIERCOLES

“ Del corazón sale lo impuro ”


según san Marcos 7, 14-23

La religión judía en tiempo de Jesús daba cierta importancia a los alimentos, de tal manera que prohibía comer algunos.

La religión de Jesús es una religión del corazón. Nada se decide desde fuera; y nada que viene de fuera puede ser malo. Dios ha hecho buenas todas las cosas. Somos nosotros, con nuestro comportamiento, los que las hacemos malas. Y esa es nuestra enfermedad. Como decía San Juan de la Cruz: “La enfermedad no es otra cosa que la falta de amor”.

 En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro;

En verdad, nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro. Claro que no podemos hacer lo que se nos ocurra. Dios, que es Amor y nos creó a su imagen y semejanza, puso en nuestro corazón el mandato del amor

 lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre». 

Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. 

 El libro del Génesis dice: Vio Dios todo lo que había hecho, y todo estaba muy bien (Gen 1, 31). Y san Pablo: Para los limpios, todo es limpio; mas para los contaminados y no creyentes nada hay limpio, pues su mente y conciencia están contaminados

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? 

Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre y se echa en la letrina» (Con esto declaraba puros todos los alimentos). 

Y siguió: «Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. 

Jesús quiere que tengamos una mirada positiva hacia todo lo creado. Son hermosas las montañas, los valles, los ríos, los bosques, el mar, los árboles frutales, y también todos los animales. Y todo lo ha creado Dios para que lo cultivemos, lo usemos bien y lo disfrutemos. Dios quiere que tengamos una mirada limpia sobre las cosas, los animales y, sobre todo, sobre las personas creadas a su imagen y semejanza.

Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».



En nuestro tiempo, bastantes personas, si pueden y su cartera se lo permite, cuidan mucho su cuerpo, en gimnasios, fisioterapias, dietas de adelgazamiento… para conservar un cuerpo ágil y esbelto. 

Algo que está bien. Pero mucho más empeño, como nos pide Jesús, hemos de gastar en conseguir un corazón bueno, para que todas nuestras acciones sean buenas, estén en la línea de lo que vivió Jesús y su evangelio, y la bondad inunde nuestro mundo.

MARTES

MARTES

“ Dejáis a un lado el mandamiento de Dios ”




El evangelio de hoy habla de las costumbres religiosas del tiempo de Jesús y de cómo los fariseos enseñaban estas costumbres a la gente.

según san Marcos 7, 1-13 

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). 

Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». 

Las personas infectadas por el virus del espíritu fariseo, como san Pablo antes de su conversión, están convencidas de ser hombres y mujeres de Dios; lo suyo es la observancia escrupulosa de leyes y tradiciones. Jesús no lo ve así; lo suyo, lo de Jesús, es cumplir la voluntad de Dios obedeciendo al mandamiento del amor hacia todos los hijos e hijas de Dios. Para Él, la persona humana ocupa el centro de la religión.

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

 El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos". 

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres». 

Hasta en seis ocasiones aparece la palabra tradición en el Evangelio de hoy. Los tradicionalistas consideran una traición el abandono de cosas del pasado. Lo hacen con la mejor voluntad. Pero no entienden que esa es la manera más eficaz de cerrar las puertas a las llamadas y sorpresas del Señor.

Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. 

Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”.

Por eso, no vale eso de hacer cosas porque siempre se han hecho así. Sí que vale hacer cosas desde un discernimiento siempre actualizado iluminado por la Palabra de Dios.

Las tradiciones y costumbres son buenas cuando me ayudan a vivir el mandamiento del amor. No nos preocupemos tanto por preservar el pasado; preocupémonos por actualizar el proyecto de Dios, siempre viejo y siempre nuevo, en nuestro mundo.

 Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

Y así se quedaban tan tranquilos. Jesús no está de acuerdo con ese chantaje, Lo que Dios quiere es que ese dinero se lo den a sus padres que lo necesitan. Más aún, que ofrezcan a sus padres también su tiempo; que los cuiden, los protejan, les ayuden, les escuchen, y “les quieran”.



En ocasiones podemos olvidarnos de las cosas esenciales enredándonos y desviando nuestra atención a las cosas segundarias; incluso a veces llegamos a convertir lo segundario en fundamental. 

Es un peligro que no podemos desconocer y que no estamos exentos de caer en él, aunque nos llamemos cristianos. 

Jesús es bien consciente de este peligro, y en este evangelio lo denuncia y es una llamada a cada uno de nosotros. No podemos vivir una fe desligada de la vida de los demás, ni lo contrario tampoco. ¿Qué nos criticaría hoy Jesús a nosotros? ¿y a nuestras comunidades cristianas?

LUNES

“ Los que lo tocaban se curaban ”



según san Marcos 6, 53-56 

Jesús comunica salud. Incluso cuando no es consciente de ello. Basta con que quien se le acerque así lo crea. Cuando cura conscientemente, a veces se limita a cumplir los deseos de quien lo pide: Hágase en vosotros según vuestra fe

En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.

La vida de Jesús es una continua itinerancia, es un ir de un lugar a otro, y siempre al encuentro de las personas; siempre movido por el deseo de hacer el bien, de curar, de sanar, de liberar al que más lo necesita y más marginado está; esto es lo que nos presenta el Evangelio de hoy.

 Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. 

A Jesús le precedía su fama por los prodigios y curaciones que realizaba y era tan grande la confianza de la gente que, simplemente, con un pequeño gesto, lo consideraban suficiente para que el prodigio se realizara.

Esa confianza es la que debemos tener siempre en nuestra relación con Dios, Él, cuando lo considere adecuado, nos concederá aquello que le pedimos, o nos iluminará para hallar un camino donde solucionar el problema.

En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.

Siempre debemos depositar nuestra confianza en el Señor, Él no nos deja de su mano y, siempre, estará a nuestro lado aunque nosotros no seamos conscientes de ello.


Y esta actitud también es modelo para cada uno de nosotros, para todos los que nos consideramos sus discípulos.

 DOMINGO

“ Desde ahora, serás pescador de hombres ”


Los protagonistas de este Evangelio son Jesús y Pedro. Después de la penosa experiencia en la sinagoga de Nazaret, Jesús disfruta de un día magnífico: una brillante mañana, la hermosura del lago, las ganas de la gente por escucharle…

según San Lucas 5, 1-11

 En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.

 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. 

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

FIARSE DE JESÚS. Es el mismo Jesús el que provoca una situación poco lógica. Unos pescadores, entre los que se encontraba también Pedro, se han pasado toda la noche pescando y no han conseguido nada. La noche es el tiempo propicio para la pesca, Han hecho lo que razonablemente todo pescador hace. A la mañana siguiente (tiempo ya no propicio para pescar) el Señor invita a Pedro a echar las redes en el mismo sitio. Pedro le podía haber dicho a Jesús: Maestro, en el arte de la pesca, soy un profesional. ¿Me vas a decir tú cual es la hora mejor para pescar?

 Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. 

Sin embargo, Pedro echa las redes, de mañana, fiado de la Palabra del Señor. No se puede ser buen cristiano sin fiarse de Jesús.

Nos estamos fiando de todo el mundo, ¿y vamos a desconfiar de Jesús? Pedro se fía: «en tu nombre echaré las redes”. Y el fiarse le fue bien. Como a Abrahán, como a Moisés, como a los profetas, como a María, la madre de Jesús.

Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 

HUMILDAD. “APARTATE DE MI QUE SOY UN PECADOR” Ante la pesca milagrosa, San Pedro cae en la cuenta de que “ese hombre” es más que un hombre. Es Dios. Notemos que San Pedro está feliz con Jesús y no quiere separarse de Él.

Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. 

Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 

Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.



“Mar adentro” ¿Por qué mar adentro? Porque se necesita ir hasta las profundidades del alma para encontrarse con lo que uno busca. Y en definitiva, para poder seguir a Jesús, se requiere un encuentro profundo con Él, para tomar la determinación de seguir tras sus huellas, abandonando aquellas seguridades que tenemos a la mano. Dejarlo todo supone un cambio radical de vida, asumir la de Cristo, encontrarnos con su Palabra.

jueves, 13 de febrero de 2025

SE POSTRO A SUS PIES

  santo Evangelio según san Marcos ( 7, 24-30) 

 Desde allí fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse. Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».



Jesús en la región pagana de Tiro, Jesús fue allí para aliviarse de la presión que tenía en otros lugares, donde los creyentes le seguían y no le permitían estar con sus discípulos.


La mujer, a pesar de ser de origen alejado a la fe del pueblo judío, se acerca a Jesús y le pide que eche al demonio que tiene su hija. Reconoce que Jesús tiene poder para sanarla y salvarla de aquella situación. Lo demuestra con la petición, pero también, como dice el evangelio, porque se el echó a los pies del Señor.

Pero Él, que acaba de multiplicar el pan de vida para cinco mil judíos, “provoca” a la mujer negándole de entrada el milagro. 

Al principio Jesús parece no atender a su petición y le da una respuesta muy extraña: no está bien echar a los perros el pan de los hijos. Le quiere decir que él ha venido a anunciar la salvación, empezando por el pueblo judío. Después irá también a otros 

 La frase parece un insulto, pero la mujer, lejos de sentirse insiultada o provocada, le responde al Señor con el mismo ejemplo y le pide que le dé unas «migajas». 

Jesús valora la fe de aquell mujer, no se enfada ni se le encara, le pide con fe y le vuelve a pedir, no quiere glorias ni honores, no quiere milagros sorprendentes, tan solo quiere lo mejor para su hija. Jesús le pide que vuelva a su casa porque su hija está curada. Aquella mujer, llena de fe, confió en la Palabra del Señor y así sucedió. Una invitación a qeu también pidamos con fe, pero sobre todo a que nosotros confiemos cada día en la Palabra del Señor.


La actitud de la griega es una actitud completamente suplicante, llena de fe porque creía que Jesús salvaría a su hija; llena de esperanza porque confiaba que Dios la escucharía y llena de amor porque estaba tirada sobre los pies de Jesús solamente porque amaba a su hija. 

Parece que la fe, la esperanza y la caridad son los elementos que necesitamos para que Dios nos dé lo que pedimos; pero Jesús nos ayuda constantemente, como ayudó a la mujer griega, para que nuestra súplica estéllena de una sincera humildad.


 



miércoles, 12 de febrero de 2025

LO QUE SALE DEL DENTRO ES LO QUE HACE IMPURO AL HOMBRE

 Evangelio según San Marcos (7,14-23) 

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre». Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.



Siguiendo con la diatriba del lavatorio de manos antes de comer, se nos presenta hoy esta otra disquisición sobre la pureza o impureza de determinados alimentos que, para la mentalidad judía, contamina a quien los ingiere. 
No es algo del pasado: hoy hay millones de hombres y mujeres de todo el mundo que se abstienen de comer determinados productos por motivos religiosos. Nosotros mismos tenemos el viernes el día del ayuno voluntario.
 Pero Jesús está indicando que ningún alimento puede contaminar al hombre, sino que es lo que éste guarda en su corazón lo que contamina los alimentos y todo cuanto toca. Es una visión que le da la vuelta a las circunstancias tradicionales y provee de otro punto de vista que hasta entonces ni se había planteado.

 La purificación interior -en la que el ayuno o la abstinencia de la Cuaresma, por ejemplo, siempre ayudan- es el camino que Jesús está indicando.




Jesus, de nuevo, nos coloca en la posición justa: bajo la mirada de Dios. Frente al Señor no podemos escondernos, aunque podemos, eso si, no conocernos a fondo. Por eso Jesús nos invita a “comprender”, a conocernos a nosotros mismo.

Podemos hacer grandes cosas si nos damos cuenta de que cada uno de nuestros actos humanos es corredentor cuando está unido a los actos de Cristo.

¡Ayúdame, Jesús! Sólo Tú eres capazde sanar mi corazón herido por el pecado. Nadie más que Tú puede purificar mi interior, mis intenciones y deseos más profundos.

martes, 11 de febrero de 2025

TRIDUO A LA VIRGEN DE LOURDES DIA 11

 

DIA 11

Rezar por los pecadores

Al igual que Santa Bernardett nosotros hoy también podemos rezar por los pecadores,

En estos tiempos que Dios esta olvidado y que se nos vienen encimas muchos problemas , donde la religión no tiene lugar,tenemos que rezar por el mundo que ha olvidado Dios.


Soy la Inmaculada Concepción Dia 6

Santa Bernadett recibió una gran noticia: Yo soy la inmaculada Concepción.

Se lo conto al párroco y se extrañó, el Dogma aun no era conocido.

¿Que es la Inmaculada Concepción?

Algunos dicen que la Virgen no fue rota en sus entrañas por ningún hombre. Pero eso es minimizar   el Misterio.

La Virgen es pura porque piensa bien, porque actúa bien, porque camina bien, porque da bien y también nadie la rompió.

Es pura porque fue un espejo en el cual Dios y era tan guapa y tan bonita por dentro que Dios se enamoro.

La Virgen María es pura desde su concepción.

Peticiónes    A Jesús por María

Mirándote a los ojos Madre y cogida de tus manos,es muy fácil llegar al Señor

Contigo Dios está al alcance  de las manos, sin Ti ............................Dios esta lejos.

                                        ES NUESTRA MADRE

Que en ti Madre, encontremos en estos días de pandemia, soledad y angustias fuerza y valor. Virgen de Lourdes intercede por nosotros.


lunes, 10 de febrero de 2025

LE TOCABAN Y SE CURABAN

   santo Evangelio según san Marcos (6, 53-56) 

 Terminada la travesía, llegaron a Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas.




La fama de Jesús le precede. Lo esperan los enfermos para que los cure. 

Los enfermos, de cualquier dolencia, tienen un punto en común cualesquiera que sea el mal que los tiene postrados: experimentan su debilidad humana, los límites de su propia salud, necesitados de curación, de liberación de esos achaques que sufren. 

Ello explica esa visión que nos describe el evangelista de todos los enfermos en camillas colocados en fila en la plaza pública para que pudieran tocar siquiera la orla del manto. Pero no es sólo la salud material del cuerpo, sino la espiritual del alma la que está necesitada de liberación, de curación por parte de Jesús. 

Pero mirad como cura Jesús en esta ocasión: no dice nada, ni una palabra, ni un gesto, como si curase su sola presencia, como si la paz que irradia sanara los tormentos de los hombres. Jesús no hace otra cosa que "dejarse tocar", dejarse alcanzar, son los hombres los que se las ingenian para tocarle "siquiera la orla de su manto".



Muchos de los retiros espirituales de todo tipo que tienen lugar en nuestras parroquias o los centros de espiritualidad se parecen mucho a esa escena del Evangelio de hoy: enfermos del espíritu tumbados en mitad de la plaza rodeados de hermanos también necesitados de que Jesús pase por sus vidas y los cure. Y quedan curados.

Este pasaje puede ayudarnos a meditar cómo estamos recibiendo a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión. ¿Comulgamos con la fe de que este contacto con Cristo puede obrar milagros en nuestras vidas?

 Más que un simple tocar «la orla de su manto», nosotros recibimos realmente el Cuerpo de Cristo en nuestros cuerpos. Más que una simple curación de nuestras enfermedades físicas, la Comunión sana nuestras almas y les garantiza la participación en la propia vida de Dios. 

San Ignacio de Antioquía, así, consideraba a la Eucaristía como «la medicina de la inmortalidad y el antídoto para prevenirnos de la muerte, de modo que produce lo que eternamente nosotros debemos vivir en Jesucristo».


TRIDUO A LA VIRGEN DE LOURDES DIA 10

  Ponemos esta tarde nuestros  corazones bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes. Ella, con sus aguas  puras nos dice que Tu Señor eres la salud  y curas nuestras enfermedades. 

En estos días Señor te necesitamos, intercede por nosotros para que pronto alcancemos la salud y la vid deseada.

DIA 10

Los días siguientes a la Aparición

 Santa Bernadett llega a su casa, cuenta lo sucedido y su madre no la cree. Se busca unas amigas y les cuenta lo sucedido.

El Domingo se acercan a la la cueva. Santa Bernabett veía a la Virgen pero sus amigas no veían nada.

Y les pregunta; ¿Es que no veis a la ? Si venis de parte de Dios, acercaros , que la vereis.

Sus amigas seguían si ver. Posiblemente acompañaron a Santa Bernabett  por curiosidad, no tenía la fe que tenía ella.

Santa Bernabett no veía pero creía y por creer vió.

plicación para hoy............................La oración

Si tenemos fe sentimos a Dios en el corazón y en el alma.

Santa Bernadett cuando ve que sus amigas no ven a la Virgen  les dice, recemos el Rosario.

Las personas que visitan el santuario, entre ellos el párroco de San Lorenza, y mis amigas de las Hospitalidad de Toledo, les llama la atención,

La confianza y la fe de los enfermos, la Adoración al Santísimo, el Via Crucis, el Rosario de antorcha al atardecer y  las confesiones.

Lourdes tiene sabor a Oración. La oración no lleva a la conversión y la conversión nos lleva a Dios

MARÍA NOS LLEVA A DIOS

Hoy día más que nunca necesitamos de la Oración para ser más fuertes, sin ella nos sentiremos perdidos y huérfanos.

Con la Oración vemos a Dios cara a cara, sin ella vemos a ls dioses de hojalatas que nos rodean.



domingo, 9 de febrero de 2025

CANCION REMA MAR ADENTRO

Rema mar adentro 




 Rema mar adentro. 

Tú que calmas tempestades y caminas sobre las aguas, conoces todos los mares, experto en profundidades. Aquí tienes nuestras redes y nuestra pequeña barca, nuestra vida y nuestro corazón ardiente. 

Tú, pescador de hombres, llévanos contigo a trabajar. 

Rema mar adentro.

 Nos esperas en la orilla con las brasas encendidas después de bregar de noche, trabajo duro y estéril. No nos falte tu Palabra ni el calor de tu presencia, de la mesa compartida que da vida. 

Tú, pescador de hombres, invítanos una vez más. 

Rema mar adentro.

 Soltando amarras, izando velas, ensanchando horizontes, descubriendo rutas nuevas. 

Tú, que vienes con nosotros y manejas el timón, haznos compartir la pesca, aumenta la tripulación. 

Eres tú nuestra esperanza y nuestra seguridad, la ruta segura y el motor de abordo. 

Tú, pescador de hombres, vuélvenos a seducir. 

Rema mar adentro. Maite López 


https://youtu.be/9yMW8H3sCa0?si=yL-Q0DtvQrnaZFKt

TRIDUO A LA VIRGEN DE LOURDES DIA 9

 Ponemos esta tarde nuestros  corazones bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes. Ella, con sus aguas  puras nos dice que Tu Señor eres la salud  y curas nuestras enfermedades. 

En estos días Señor te necesitamos, intercede por nosotros para que pronto alcancemos la salud y la vid deseada.

DIA 9

Venir a San Lorenza como van los enfermos a Lourdes, con fe.
Claro que estamos enfermos y pedimos a Nuestra Señora que nos cure.

11 de Febrero de 1858

La historia de la aparición empieza cuando Bernardita, 11de Febrero de 1858. salió, junto a dos amigas, en búsqueda de leña en la Roca de Masabielle. Para ello, tenía que atravesar un pequeño río, el río Gave,

Fue en ese momento, que Bernardita experimenta el encuentro con Nuestra Madre, experiencia que sellaría toda su vida, "sentí como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza. Algo celestial, una Gran Señora.


Aplicación para todos nosotros

Dios se vale de una niña pobre, débil e ignorante, solo sabía rezar el rosario, Dios se valió a través de la Virgen María.

Nos da unos mensajes que no nos gusta escuchar: hacer penitencias, hacer oraciones, convertiros. Estan confundidos los que piensan que los católicos hemos nacidos para hacer el bien.

Para hacer el bien no se necesita ser cristianos solo es necesario 4 o 5 valores.

A nosotros , los católicos nos defiene que la fuente de nuestro bien es Cristo y María nos dice convertiros:

-de la vida fácil a la vida difícil.

- de la vida vacía a una vida llena de Dios,

- de una vida de alcantarillas  a una vida mirando al cielo.

- de un vida engreída y descreída a una vida de humildad  y creyente.

Lourdes, fuente misteriosa, con muchísimos milagros que dejan a la ciencia caos. los milagros nos son de María, Ella es la conductora que nos leva la Señor de los Milagros; Nuestro Señor.

Que nadie mancille nuestra fe, por el contrario, vamos a mantenerla viva.



Peticiónes

A María por Jesús, concédenos salud y danos fe para creer.

Pedimos a María que nos lleve siempre a la fuente de gracia que es Cristo con su Palabra  que es fuerza y como no... el maná de la Eucaristía.

REMAR MAR A DENTRO

 Del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11 

 En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a la orilla del lago Genesaret; y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”.


Los amigos de Jesús habían estado pescando toda la noche y habían vuelto con las redes vacías. Pero Jesús les invita a remar mar adentro y a echar de nuevo las redes. Y entonces, la pesca supera todas las expectativas: su peso hace que se rompan las redes. Así es el fruto de la fe para quien confía más en Dios y en su Palabra que en sus propias fuerzas:"en tu nombre, echaré las redes".

Es sorprendente la suavidad con que Cristo va guiando a sus amigos hacia la conversión. En este pasaje, se nos cuenta cómo logró conquistar a Pedro.

 El apóstol San Pedro, antes de conocer al Señor, era Simón el pescador. Un hombre recio, acostumbrado a la dura tarea de la pesca. Seguramente era uno de los más importantes del negocio y uno de los más respetados, debido a su carácter fuerte. Jesús se acercó a él, se subió a una de las barcas y le pidió que se alejara un poco para poder predicar a la muchedumbre. Pedro estaba pendiente del timón y de los remos, quizás sin escuchar las palabras del Señor. 

 Pero luego, Jesús le miró y le dijo que fuera mar adentro, a pescar. Simón se extrañó. ¿Pero cómo? ¿No sabe éste que yo soy un profesional? Si no he pescado nada durante la noche, ¿cómo voy a hacerlo a pleno día? Sin embargo, le dijo: Lo haré porque tú me lo pides. 




 Jesús esperaba estas palabras, esperaba un poco de humildad por parte de Pedro, el impetuoso. Fue entonces cuando se obró el milagro. “Y pescaron gran cantidad de peces”. Al ver lo sucedido, Pedro se olvidó de la pesca y cayó de rodillas ante Jesús. 

¡Pescar hombres! Y en este mundo hay una gran competencia en todos los bancos de pescas. Sectas, ideologías, consumismo... tratan de seducir a los hombres que nadan entre dos aguas, abandonados a las corrientes que les llevan de acá para allá sin que ellos puedan dar con el sentido de su vida.

 El Señor sabía muy bien cómo ganárselo, con amabilidad, sin recriminaciones. Y luego le dijo: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”.


Jesús, gracias porque hoy tengo la oportunidad de suplicarte que entres a la barca de mi vida. Por intercesión de tu Madre santísima, quiero apartarme de mis preocupaciones y de todo lo que me distraiga o impida escucharte en esta oración.

En adelante la misión de la Iglesia no es otra que lanzar a todos los vientos la Palabra para que los hombres queden seducidos por este rostro que les despierta la vida y a la libertad. Aunque no todos se dejaran "capturar", sólo los enamorados se dejaran atrapar en las redes que les sumergen en la libertad de la vida, la que trae el amor de Dios.


sábado, 8 de febrero de 2025

DESCANSAR EN EL SEÑOR

evangelio según san Marcos (6,30-34) 

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» 



Enamora este Jesús que envuelve y arropa con su ternura a sus discípulos que acaban de regresar de su misión. Bien sabe Él que el corazón del hombre necesita descansar, tomar fuerza en la intimidad, alimentarse y fortalecerse con el amor, la ternura y la compasión del que te quiere. 

Jesús invita a sus discípulos a descansar un poco. El descanso lo hacen con Él. “Yo seré vuestro descanso”.

 No hay misión verdadera, ni anuncio auténtico sin esta experiencia de reposar nuestro espíritu en su Presencia. 

Sin vida interior, sin encuentro con el Señor en la intimidad de la oración, la vida del discípulo se disipa y se pierde en mil quehaceres que terminan despistándolo de lo esencial. 

 Jesús no solo a los suyos les muestra su ternura y compasión, sino también a "tantos que andan como ovejas sin pastor" les enseña todo lo necesario para saciarle su hambre más profunda con la verdad de Dios y mostrarle el camino que conduce a la Vida, meta y fin de toda existencia humana.


En realidad, descansamos cuando estamos con las personas que amamos: descansa el niño en los brazos de su madre y el amigo con el amigo y el esposo con su esposa. Y el hombre-varón y mujer- descansa con su Dios. “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en Ti” (San Agustín).

En el evangelio de hoy vemos que Jesús, al ver a la gente como ovejas sin pastor, “se le removían las entrañas”. No basta que se muevan nuestras manos, nuestros pies, si no se nos mueve antes el corazón.

TIEMPO ORDINARIO 3º Y 4º DOMINGO

  DOMINGO III DEL T ORDINARIO DOMINGO DE LA PALABRA




 El mundo es una fábrica de palabras incumplidas frente a UNA que se hace obra: Jesús 
La perversión de la palabra es la palabrería, la de Cristo es coherencia. El exceso de palabras maquilla la verdad, el Evangelio nos la muestra 
La abundancia de palabras hace pensar en el vacío, la de Dios siempre nos trae algo El silencio a veces vale más que mil palabras y el ruído nos impide escuchar lo esencial
 Hablemos de tal manera que aún siendo escasos en verbo nuestra vida sea la que más enseñe lo que llevamos dentro. 
Y es que la Palabra de Dios pone en evidencia nuestro fácil recurso y nuestra incapacidad para hablar con nuestros actos.
Pongamos, además, los ojos del rostro, del alma y del corazón en Jesús. Hoy, se sigue cumpliendo lo que hemos escuchado: ¡Jesús es la revelación del Padre!
Los que esperan… tienen los ojos puestos en Ti para que no les defraudes 
Los que desesperan… tienen los ojos puestos en Ti para que les desesperanza 
Los tristes… tienen los ojos puestos en Ti, para que les bendigas con la alegría 
Los abatidos… tienen los ojos puestos en Ti, para que les levantes 
Los decepcionados…. tienen los ojos puestos en Ti, para que sean optimistas
DOMINGO

Jesús, principalmente predicaba con obras, con el ejemplo, dando testimonio, incluso entregando su propia vida. Igual hemos de hacer nosotros, no nos podemos quedar sólo en las palabras: hemos de concretar nuestro amor a Dios y a los hermanos con obras.
LUNES
Pero el Señor sufre con paciencia ese juicio temerario sobre su persona. Como afirmó san Juan Pablo II, Él «es un testimonio insuperable de amor paciente y de humilde mansedumbre».
MARTES
Proclama mi alma la grandeza del Señor» (Lc 1,46). María expresa ahí todo el programa de su vida: no ponerse a sí misma en el centro, sino dejar espacio a Dios; sólo entonces el mundo se hace bueno» (Benedicto XVI)
MIERCOLES
Hoy, Señor, vengo a la oración con un deseo: el deseo de que Tú, deposites en mi corazón la semilla de la fe, la semilla de la alegría, la semilla del amor. Y, una vez que hayas depositado la semilla, necesito que te quedes ahí dando energía para que esa semilla crezca y se convierta en una espiga doblada por el peso de los granos. Y todavía necesito que me ayudes a repartir esa buena semilla en otras personas. Si la semilla se queda en el granero no puede dar fruto.
JUEVES
Si he tenido la suerte de creer, no me guarde esta fe en el corazón encerrándola con llave. Que yo no me conforme con la luz que entra por la ventana de mi casa, sino que salga fuera, la comparta con los que viven en la calle y en la plaza, y la disfrute con todos en el corazón de la vida.
VIERNES
A veces nos cohibimos de sembrar pensando que nuestra “semilla” es pequeña, no nos atrevemos a anunciar el Reino de Dios, porque “tenemos poco que decir”. Ninguna semilla es demasiado pequeña. Si hemos recibido la Palabra de Dios anunciando el Reino, tan solo tenemos que arriesgarnos, atrevernos a regar la semilla. No olvidemos que esa Palabra tiene poder creador, capaz de hacerla germinar aún en las condiciones más desfavorables.
SABADO
Y nos dirige la misma pregunta que aquél día: ¿Por qué sois tan cobardes? Aún no tenéis fe? Señor, estoy demasiado metido en las cosas del mundo, en los trabajos de cada día, en los problemas de siempre. Y necesito oír tu palabra que me dice: “Pasemos a la otra orilla”. Es la orilla de la fe, del amor, de la paz. Es la orilla donde yo me encuentro con Dios en la oración. Y quiero agradecerte, Señor, tu invitación: No me has dicho: ¡Pasa a la otra orilla! Sino “pasemos”. Sin ti, todo me asusta, todo me da miedo. Contigo siempre estoy dispuesto a pasar “a la orilla” que me quieras llevar.



IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO




¡LUZ PARA LAS NACIONES!
 Nunca el mundo y sus negocios, el hombre y sus pretensiones han estado tan maquillados de color como vacíos de sentido ni presentados con tanto fuego de artificio Necesitamos a un JESUS que es LUZ y que haga resplandecer los rincones más inaccesibles y más difíciles del ser humano 

Necesitamos de este JESUS que va sembrando ilusión y paz en las calles por donde transitan los que son auténticos testigos y candiles de su reino Necesitamos a un JESUS que sustituya aquellas lámparas que han sido apedreadas por las dificultades y las incomprensiones, por las vergüenzas o por los intereses que denunciaban 
Necesitamos de este JESUS que limpie las lámparas que un día brillaron en todo su esplendor pero que, el paso del tiempo, las ha ido debilitando con el polvo de la apatía, el cansancio o la indiferencia Necesitamos a un JESUS que dé urgentemente ese “fluído evangélico” que nos resulta imprescindible para aquellos/as que seguimos pensando que es una respuesta para el momento que vivimos

 Necesitamos de este JESUS que nos amarre fuertemente a esa gran fuente de energía espiritual que es el Evangelio Necesitamos a un JESUS que nos conecte directamente a esa gran central de amor y de ternura, de gratuidad y de misterios que es el cielo Necesitamos de este JESUS que nos invada con ese arranque (que no es nuclear, eólico ni hidráulico) que viene y nace del corazón que está unido a Dios por el Espíritu 
Necesitamos JESUS para que, cuando nuestra vida haga cortocircuito, nos ayude a separar lo negativo de lo positivo, la verdad de la mentira, la tacañería del altruismo, la esperanza del abismo, la oscuridad de la luz. ¡Claro que si! Luz de las naciones y, además, con esa gran mujer MARÍA que nos recuerda la importancia de ir rellenando las lámparas de nuestras almas con el aceite de la fraternidad, la esperanza, la fe, la confianza o el amor.
DOMINGO

Dios nos llama a que lo encontremos a través de la fidelidad en las cosas concretas —a Dios se le encuentra siempre en lo concreto—: oración diaria, la misa, la confesión, una caridad verdadera, la Palabra de Dios de cada día, la proximidad, sobre todo a los más necesitados, en el cuerpo o en el espíritu. Podemos tocar a Dios todos los días en la comunión sin que pase nada en nosotros. Lo hemos tocado con rutina. Pero si un día lo tocamos con fe, puede cambiar totalmente nuestra vida.
LUNES

Jesús siempre puso por delante a las personas, incluso antes que las leyes y los poderosos de su tiempo. Pero nosotros, demasiadas veces, pensamos sólo en nosotros mismos y en aquello que creemos que nos procura felicidad, aunque el egoísmo nunca trae felicidad.
MARTES

Señor, tú te has manifestado hoy como el “Dios de la vida”. Quieres que tengamos vida, pero vida en plenitud. Quieres que vivamos y disfrutemos de la vida. Quieres que no vivíamos con miedos o esclavitudes. Quieres que vivamos felices. ¡Gracias, Señor!
MIERCOLES

Es posible que nosotros, los de casa, los que le oímos todos los días, los que le tocamos en la Eucaristía, no creamos de verdad. Me pregunto: ¿Estará Jesús sorprendido de mi poca fe? Y eso ocurre en la propia vida. Pero también en nuestro entorno. Aprender a mirar con los ojos de Jesús permite que lo nuevo aparezca ante nosotros y nos seduzca. ¿Nos dejamos seducir por el amor de Cristo?
JUEVES

Señor, la meditación de hoy no me deja tranquilo en mi casa, sino que me invita a salir. Por eso te pido valor para entender el cristianismo como salida. Tú has salido del Padre y has venido a este mundo para enseñarnos a salir. Saliste del Padre, del corazón del Padre, de la ternura del Padre. Haz que yo salga al mundo con el corazón lleno de amor, de solo amor y nada más.
VIERNES

Juan estaba en la cárcel, pero la Palabra de Dios no estaba encadenada. Dame también hoy a mí la valentía de Juan, la valentía de decir siempre la verdad, aunque deba pagar por ello, un precio alto.
SÁBADO
Descansamos cuando estamos con las personas que amamos: descansa el niño en los brazos de su madre y el amigo con el amigo y el esposo con su esposa. Y el hombre -varón y mujer- descansa con su Dios. “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en Ti” (San Agustín). 


 V DOMINGO Y IIEMPO ORD




Porque, siendo como eres Dios, no mereces una compañía como la mía. Porque, siendo como eres Eterno, mi vida se conforma, demasiadas veces, con lo efímero, vacío o caduco.
 ¡APARTATE, SEÑOR!
 Porque tu beldad pone al descubierto la mentira de mi existencia Porque, siendo como Tú eres, insistes, una y otra vez, en aquellas puertas en las que hace tiempo los nudillos de mi mano dejaron de golpear. ¡APARTATE, SEÑOR! 
Tú me invitas a intentarlo de nuevo, y yo doy marcha atrás allá donde no veo éxito Tú me animas a mirar hacia el horizonte y sigo empeñado en instalarme en el pasado Tú te fías, de mis pobres fuerzas, cuando yo, frecuentemente, dudo de que Tú me apoyes en mis luchas. 
¡APARTATE, SEÑOR! Temo tirar la toalla, si el sol no brilla Si la suerte no sale a mi encuentro Si, las dificultades, son más grandes que mi capacidad para hacerles frente 
¡APARTATE, SEÑOR! Que, mis pecados, me abruman Que, mis pecados, me paralizan Que, mis pecados, hacen que me sienta como alguien que traiciona a Aquel que es Dios bajado del cielo Que, mis pecados y mi vida vacía, me impiden amarte como mereces me condicionan seguirte como Tú exiges me imposibilitan servirte como, Tú Señor, requieres Amén
D
Yo Señor tu seguidora, remando mar adentro,  que me convocas  para reponer las fuerzas, y m envías de nuevo, a la brega.

L

Siempre debemos depositar nuestra confianza en el Señor, Él no nos deja de su mano y, siempre, estará a nuestro lado aunque nosotros no seamos conscientes de ello.

M

Más que un simple tocar «la orla de su manto», nosotros recibimos realmente el Cuerpo de Cristo en nuestros cuerpos. Más que una simple curación de nuestras enfermedades físicas, la Comunión sana nuestras almas y les garantiza la participación en la propia vida de Dios.

X

Podemos hacer grandes cosas si nos damos cuenta de que cada uno de nuestros actos humanos es corredentor cuando está unido a los actos de Cristo.

J

Quiero que me des la fe de esta mujer cananea, la fe de una mujer que nunca ha estado en el templo de Jerusalén, ni sabe nada de los libros de la Biblia. Una mujer que pone su corazón y todo su ser en la plegaria; una mujer que ha rezado poniendo delante de ti su vida desgarrada por el dolor de su hija gravemente enferma. Dame, Señor, la gracia de rezar así, poniendo mi vida rota y maltrecha delante de ti.

V

S

El Señor no nos pide hacer milagros, sino simplemente poner a disposición lo que somos y lo poco que podemos aportar, si quien salva, si quien realiza la obra es Él, y que detalle que quiera contar con nuestra pequeñez, Él es el que nos enseña a mirar a las personas no ya sólo con nuestros ojos y sentimientos, sino desde su perspectiva. 

El Señor nos impulsa a partirnos, repartirnos con el mismo espíritu vivido en la Eucaristía para los demás y, por tanto, a ser ejemplo de entrega, caridad y oración.


VI DOMINGO DEL TIEMPO ORD






Bienaventurados si no nos olvidamos de Dios ¡Bienaventurados!
 Bienaventurados si sonreímos aunque estemos llorando ¡Bienaventurados!
 Bienaventurados si no presumimos de ser ricos ¡Bienaventurados! Bienaventurados si no tememos decir la verdad ¡Bienaventurados! 

Bienaventurados si no valoramos sólo el mundo ¡Bienaventurados! 
Bienaventurados si miramos al cielo ¡Bienaventurados! 
Bienaventurados si no olvidamos al que sufre ¡Bienaventurados! 
Bienaventurados si somos fuertes en la fe ¡Bienaventurados! Bienaventurados si no nos burlamos de los débiles ¡Bienaventurados!

 Bienaventurados si nos dejamos tocar por Dios ¡Bienaventurados! 
Bienaventurados si creemos en la Resurrección ¡Bienaventurados! 
Bienaventurados si no ponemos en el centro al mundo ¡Bienaventurados! 
Bienaventurados si avanzamos con y por Jesús ¡Bienaventurados! 
Bienaventurados si tenemos tiempo para Dios ¡Bienaventurados! 

¡Bienaventurados si buscamos la felicidad en la Fe ¡Bienaventurados!



viernes, 7 de febrero de 2025

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO

“ Jesús vio una multitud y se compadeció ”


según san Marcos 6, 30-34 

Hoy, el Evangelio nos invita a descubrir la importancia de descansar en el Señor. Los Apóstoles regresaban de la misión que Jesús les había dado. Habían expulsado demonios, curado enfermos y predicado el Evangelio. Estaban cansados y Jesús les dice «venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco».

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco».

Una de las tentaciones a las que puede sucumbir cualquier cristiano es la de querer hacer muchas cosas descuidando el trato con el Señor.

Jesús invita a sus discípulos a descansar un poco. El descanso lo hacen con Él. “Yo seré vuestro descanso”

 Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a solas a un lugar desierto. 

el Evangelio dice «se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario» Para poder rezar bien se necesitan, al menos dos cosas: la primera es estar con Jesús, porque es la persona con la que vamos a hablar.

Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. 

Vamos, demasiadas veces, como “ovejas sin pastor”, necesitamos, como el Señor y sus discípulos, buscar un lugar apartado para descansar de esa aceleración estresante que se nos impone. Un lugar apartado donde re-encontrarnos con Dios y con nosotros mismos, y allí en lo más íntimo de cada uno nos encontramos con Dios.

Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

También Jesús busca ese espacio para sus discípulos, pero ve a la muchedumbre “como ovejas sin pastor” y dice a los suyos: “se acabó el descanso” y con calma comienza a enseñar. 

En el evangelio de hoy vemos que Jesús, al ver a la gente como ovejas sin pastor, “se le removían las entrañas”. No basta que se muevan nuestras manos, nuestros pies, si no se nos mueve antes el corazón.



Descansamos cuando estamos con las personas que amamos: descansa el niño en los brazos de su madre y el amigo con el amigo y el esposo con su esposa. Y el hombre -varón y mujer- descansa con su Dios. “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en Ti” (San Agustín). 

VIERNES

“ Era un hombre justo y santo ”



san Marcos 6,14-29 


 ”Estamos ante un pasaje evangélico en los que la gente se pregunta por la identidad de Jesús: “Es un profeta como los antiguos”, “es Elías”, y la escena se centra en Herodes, que siente curiosidad por Jesús, y del que afirma que es Juan Bautista, a quien él había mandado decapitar, y que ha resucitado.


En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». 

Otros decían: «Es Elías». Otros: «Es un profeta como los antiguos». Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado». Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. 

Es la fama de Jesús, que se ha extendido, la que llega a oídos de Herodes y causa incredulidad en éste porque, de alguna manera, no tenía la conciencia tranquila. Había ordenado matar al Bautista que le afeaba su conducta adúltera.

El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano. 

El Evangelio de hoy narra la muerte violenta de Juan el Bautista. El martirio de Juan es un anticipo y anuncio de la suerte final que correrán Jesús y sus discípulos.

Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.

Ya está. Un capricho sella el destino de un hombre. Una vida arrancada para complacer una pasión enfermiza. Herodes, cegado por el deseo, no duda en cumplir su palabra pese a que tenía en estima al Bautista.

 La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. 

El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?». La madre le contestó: «La cabeza de Juan el Bautista». 

Podría parecer que perdió la batalla al cortarle la cabeza, sin embargo nos enseña que la aparente derrota que nos pueda venir por intentar vivir conforme al Evangelio, da paso al verdadero triunfo, al que nos alcanza el premio en el cielo. Así estamos llamados a vivir nosotros, como Juan el Bautista, seguros en el Señor, confiados en Él, pendientes más de su juicio que el de los hombres.

Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. 

Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

JUEVES

“ Los fue enviando de dos en dos ”



según san Marcos 6, 7-13 

En el Evangelio de hoy, nos presenta la llamada de los Doce y el envío a la misión. Fueron llamados y enviados por Ntro. Señor: “Ellos salieron a predicar la conversión”.

 La necesidad de una transformación de nuestras vidas, es importante dejarle hueco a Dios, que Él ilumine nuestra realidad, nos ayude a saber priorizar, a dar plenitud a nuestra existencia, a colmarla de gozo, dicha y esperanza.

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. 

Por qué en parejas. La respuesta es la comunión. Indispensable en todo apostolado. Jesús quiere que sus discípulos misioneros reproduzcan el amor que el Padre y el Hijo, con la fuerza del Espíritu, se tienen y actúen a semejanza de esa comunión trinitaria celestial en su predicación terrena.

Muchas veces, los esfuerzos que hacemos por extender nuestra fe quedan abocados al fracaso precisamente porque no tenemos en cuenta la comunión y nos atrevemos a pensar que podemos solos.

Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. 

Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos». 

La manera con la que el Señor les indica como deben realizar la misión: “y nada más”, deben ir ligeros de equipaje, sin apegos materiales que les impidan la agilidad requerida para el camino, confiados plenamente en el poder de Dios que les da la energía espiritual necesaria. Que su única riqueza, fuerza y apoyo sea el Señor.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

El Señor no cesa de seguir llamando, no deja de invitarnos a su seguimiento, pidamos a Él que nos ayude, para que no seamos sordos a su llamada, sino que cumplamos fiel y generosamente la tarea que nos ha encomendado en la misión para la cual nos llamó.


Necesitamos al otro, al prójimo para todo, también para predicar la Buena Nueva, esa es la gran enseñanza. Por eso los envía Jesús de dos en dos.

La meditación de hoy no me deja tranquilo en mi casa, sino que me invita a salir. Por eso te pido valor para entender el cristianismo como salida. Tú has salido del Padre y has venido a este mundo para enseñarnos a salir. Saliste del Padre, del corazón del Padre, de la ternura del Padre. Haz que yo salga al mundo con el corazón lleno de amor, de solo amor y nada más que amor.

MIÉRCOLES

“ Se extrañó de su falta de fe ”



san Marcos 6,1-6 

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. 

La fe sin experiencia del amor misericordioso de Dios resulta hueca, inútil y sin sentido. De ahí que Jesús mandé aprender lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios.”

 Aquellos paisanos de Jesús, dice Marcos, que les resultaba escandaloso, lo que él decía, enseñaba, vivía y realizaba. Allí escaseaba la fe. Como en casi todo Israel. ¿Escasea en nosotros?

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? 

Cuando hay preguntas puede haber respuestas. Pero ¿y si los cristianos no levantamos preguntas? Es que somos “luz que no alumbra”. Somos “sal que no da sabor”.

¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? 

La gente “se sorprendía” de las palabras y de los hechos de Jesús. Era gente sencilla, humilde, abierta siempre al don de la Palabra.

Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». 

Y se escandalizaban a cuenta de él. 

Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». 

Pero también había personas, las de su pueblo, los más conocidos, que no creían. Y Jesús se asombraba de la poca fe.

No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe. 

En el evangelio hay pocas cosas que sorprendan a Jesús. Los pecados no le sorprenden ni le asustan. Puede perdonarlos. Si se trata de enfermos, puede curarlos. Si le llevan un muerto, desdramatiza la muerte. Y dice que se trata de un sueño. Lo que realmente sorprende a Jesús es “la falta de fe”.

Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.



Es posible que nosotros, los de casa, los que le oímos todos los días, los que le tocamos en la Eucaristía, no creamos de verdad. Me pregunto: ¿Estará Jesús sorprendido de mi poca fe?

Y eso ocurre en la propia vida. Pero también en nuestro entorno. Aprender a mirar con los ojos de Jesús permite que lo nuevo aparezca ante nosotros y nos seduzca. ¿Nos dejamos seducir por el amor de Cristo?

MARTES

“ Tú no temas, basta que tengas fe ”



según san Marcos 5, 21-43 

No lo tuvieron fácil ni Jairo ni la mujer.

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

Un jefe de sinagoga no podía dirigirse a Jesús sin ser “mal visto” por las autoridades religiosas del pueblo que estaban ya al acecho de Jesús para ver cómo acababan con él (Mc 3,6). 

Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba. 

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré». 

La mujer con flujo de sangre era “impura” según la Ley y contaminaba con su contacto, por lo que estaba excluida de la vida social, marginada en medio de su pueblo.

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. 

Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?»

Sin embargo, ambos pasan por encima de toda dificultad para tratar de encontrar en Jesús lo que necesitan. No había más salidas: la niña se estaba muriendo, la mujer había buscado todo tipo de remedio a su enfermedad y sólo había conseguido gastar toda su fortuna, al tiempo que empeoraba.

 Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. 

La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad. 

Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. 

Vete en paz y queda curada de tu enfermedad». 

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» 

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». 


No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentran el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. y después de entrar les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? 

La niña no está muerta; está dormida». Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). 

La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.


Señor, tú te has manifestado hoy como el “Dios de la vida”. Quieres que tengamos vida, pero vida en plenitud. Quieres que vivamos y disfrutemos de la vida. Quieres que no vivíamos con miedos o esclavitudes. Quieres que vivamos felices. ¡Gracias, Señor! 

LUNES

“ Anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo ”


En el Evangelio de hoy nos encontramos con el enfrentamiento del Señor con el poder del mal, el encuentro victorioso con el poder del demonio.

según san Marcos 5, 1-20 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. 

Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. 

Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente: «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? 

La actuación del Señor con este endemoniado de la región de los gerasenos, es signo de su poder salvador que vence las fuerzas del mal, la victoria ante todas las fuerzas que se oponen a la salvación del hombre.

Por Dios te lo pido, no me atormentes». Porque Jesús le estaba diciendo: «Espíritu inmundo, sal de este hombre». 

Un detalle para nuestra meditación es que cuando el Señor exhortó al espíritu inmundo, comenzó a vociferar, a clamar, a gritar y a mostrar resistencia. NO nos sorprendamos si en nuestro día a día experimentamos cierta rebeldía o desgana hacía lo que tenga que ver con el Señor. Ya se encarga el maligno de plantarle cara a todo lo que nos pueda llevar a acercarnos a la voluntad de Dios, de separarnos del Señor y de sus cosas.

Y le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Él respondió: «Me llamo Legión, porque somos muchos». Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. 

Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos». 

Él se lo permitió. 

Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar. 

Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado. 

Jesús enfrenta exitosamente a la Legión de demonios en territorio pagano y libera al hombre que estaba sometido, el cual recupera la paz interior, por eso está sentado, recupera el dominio de sí mismo, por eso está vestido y, recupera su dignidad de hombre, por eso está en su sano juicio.

Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron. 

Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca. 

Todos quedan maravillados, pero la gente del lugar, al perder los cerdos le pide a Jesús que se vaya; el Señor se retira (un aparente fracaso), pero no es así, porque donde entra Jesús el Reino sigue actuando, en este caso en la persona del hombre liberado que se transforma en misionero.

Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. 

Pero no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti». 

Al curado se le encarga que proclame ante la gente la misericordia de Dios. “Cuentales lo que el Señor ha hecho contigo”. La misma actitud que nos invita Ntra. Madre, la Santísima Virgen María: “proclama mi alma la grandeza del Señor”;

El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.


Jesús siempre puso por delante a las personas, incluso antes que las leyes y los poderosos de su tiempo. Pero nosotros, demasiadas veces, pensamos sólo en nosotros mismos y en aquello que creemos que nos procura felicidad, aunque el egoísmo nunca trae felicidad.


DOMINGO

“ Mis ojos han visto a tu Salvador… ”



según san Lucas 2,22-40 

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». 

María y José eran pobres y no tuvieron dinero para comprar un cordero. ¡No importa! Ellos saben muy bien que llevan al Templo “al verdadero Cordero de Dios”. Y es la ofrenda que más agrada a Dios.

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. 

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. 

María y José se admiran de la fe de aquellos ancianitos: Simeón y Ana. Su niño ha pasado por las manos de aquellos sacerdotes del Templo a la hora de circuncidarlo, y le tocaron como a un niño más. Cumplieron su oficio.

Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

 Pero Simeón lo tocó con fe. Se emocionó y rompió a llorar. Desde ese momento, ya no le importaba morir.

 Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones». 

“Una espada te atravesará el alma”. María vivió siempre con una espada atravesada, no en el cuerpo sino en el alma. Cuando duele el cuerpo el dolor está localizado, pero cuando duele el alma “duele todo”.

María vivió siempre con la espada cruel del presentimiento. En cada momento del día o de la noche ella creía que a su Hijo le iba a pasar algo.

Y es al presentimiento de todas las madres. No sólo sufren por lo que realmente les pasa a los hijos sino por lo que les puede pasar. A vosotras madres, ¡qué bien os entiende la Virgen!

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. 

Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. 

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 

El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.


Dios nos llama a que lo encontremos a través de la fidelidad en las cosas concretas —a Dios se le encuentra siempre en lo concreto—: oración diaria, la misa, la confesión, una caridad verdadera, la Palabra de Dios de cada día, la proximidad, sobre todo a los más necesitados, en el cuerpo o en el espíritu.

Podemos tocar a Dios todos los días en la comunión sin que pase nada en nosotros. Lo hemos tocado con rutina. Pero si un día lo tocamos con fe, puede cambiar totalmente nuestra vida.