YA ES SEMANA SANTA

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jueves, 11 de abril de 2024

ANGEL DE ARALAR 2024 2 DÍA

ÁNGEL DE ARALAR EN PAMPLONA: MARTES, 9 DE ABRIL


Martes, 9 de abril 8,30 h. Siervas de María (Plaza de San José) 9,00 h. Colegio Escolapios 10,30 h. Liceo Monjardín 11,25 h. Institutos Plaza de la Cruz (Parroquia San Miguel) 12,00 h. Arzobispado de Pamplona 12,30 h. Residencia de Sacerdotes El Buen Pastor 13,00 h. Carmelitas Descalzas (C/Salsipuedes) 15,45 h. Colegio Claret Larraona 16,30 h. Franciscanas Misioneras Soto de Lezkairu 17,30 h. Casa Consistorial 18,00 h. Parroquia de San Saturnino 19,45 h. Acción Católica 20,00 h. Catedral de Santa María. Fiesta de la Dedicación del Templo


 17,30 h. Casa Consistorial 




 El Ayuntamiento de Pamplona recibirá este martes 9 de abril, a las 17.30 horas, a la imagen del Ángel de Aralar. La efigie de San Miguel será recibida por el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, y por los demás miembros de la Corporación en el zaguán del Ayuntamiento.


ACTOS

 A continuación, ediles y concejalas se dirigirán hasta el Salón de Recepciones donde tendrá lugar el acto de recepción en el que participará el Coro adulto de la Ikastola San Fermín.



 Intervendrá además el capellán del Santuario de Aralar, Alfonso Garciandía. El coro, bajo la dirección de Fermín Iriarte, interpretara Mikel, Mikel, canción popular armonizada por Pascual Aldave y Agur Jaunak. Luego, los miembros de la Corporación acompañarán al Ángel, titular del santuario de Aralar, y a su portador en su salida a la plaza Consistorial. 








 Después de su visita al Consistorio, el Ángel de Aralar continuará el recorrido de la tarde desplazándose hasta la parroquia de San Saturnino.

18,00 h. Parroquia de San Saturnino 19,45 h. Acción Católica 

20,00 h. Catedral de Santa María. Fiesta de la Dedicación del Templo

https://youtu.be/hOpUEEIA32w


miércoles, 10 de abril de 2024

TENEIS QUE NACER DE NUEVO

  En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

 «Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».


En el Evangelio de hoy nos habla del amor de Dios, de entrega, de vida en plenitud…Dios ama a cada hombre hasta el extremo, “Dios ama tanto al mundo…” podemos afirmar: Dios me ama tanto, tomar conciencia de ello nos dará la fuerza para superarlo todo, Dios tiene por cada uno de nosotros un amor apasionado, se nos invita a acoger ese gran amor para tener vida eterna. ¡No hay mayor dicha que corresponder al amor de Dios!. Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él.

Hoy, en especial, nos pide que seamos ejemplo, que con nuestras obras y con nuestro testimonio, llevemos cada vez más almas a Cristo. No nos olvidemos que nuestro trabajo de cada día es una ocasión para agradar a Dios y, de ese modo, santificarnos y santificar lo que hacemos, porque lo hacemos con amor y responsabilidad de apóstoles de Cristo.

Dios tiene por nosotros un amor apasionado. Repitámoslo: somos muy queridos por Dios. Dios nos ama gratuitamente. Dios nos ha dado la existencia para que podamos gozar de su amistad. ¡No hay mayor dicha que corresponder al amor de Dios!. Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. Para que el hombre tenga vida, vida en plenitud, vida eterna.

martes, 9 de abril de 2024

ANGEL DE ARALAR EN PAMPLANA 2024


 El Ángel de Aralar visita Pamplona: actos, recorrido y horarios

La efigie de San Miguel de Aralar visita la ciudad de Pamplona, según es costumbre, en la semana siguiente a la Pascua de Resurrección. Este lunes, a las 19,30 horas, el Ángel será recibido por los pamploneses en el portal de Taconera, y en los días siguientes, recorrerá diferentes lugares, entre parroquias, colegios, instituciones y entidades de distintos tipos.

Será recibido esta tarde en el portal de la Taconera








El Ángel de Aralar, con ‘chubasquero’ en su entrada oficial a Pamplona













Le recibió una multitud y una buena tromba de agua. No más de diez minutos. Los suficientes para que el Ángel de Aralar asomara con chubasquero sobre un mar de paraguas. Entrada oficial a través del Portal de la Taconera, una semana después del lunes de Pascua, beso con el angelico de la Casa de Misericordia y, en año par, traslado por San Gregorio hasta la parroquia de San Nicolás. El Ángel cumplió ayer con la tradición en su llegada a Pamplona.











domingo, 7 de abril de 2024

25 DE MARZO ANUNCIACION DEL SEÑOR


 CELEBRACIÓN LITÚRGICA DE LA ANUNCIACION DEL SEÑOR

Hoy celebramos la Anunciación 
 del Señor, Solemnidad cuyo día es propiamente el 25 de marzo, pero al coincidir con la Semana Santa, la celebración litúrgica se ha trasladado a este lunes. “Establezco hostilidades entre ti y la Mujer. Entre tu estirpe y la Suya. Ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón”.


 Fiesta importante en el calendario litúrgico.
El ángel Gabriel anuncia a María, joven judía que vivía en Nazaret y estaba desposada con José, que había sido elegida para ser la Madre del Hijo de Dios.
"No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios; concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo a quien pondrás por nombre Jesús.
María no entendía nada, no hacia falta entender nada, solo era necesaria su disposición interior.
María acepta la misión que Dios le confia respondiéndo: "Hagase en mí según tu palabra".
Y en ese mismo momento "El Verbo divino asumió la naturaleza humana en el seno virginal de María".
El ángel postrado de rodillas adora a María.
En este día también se celebra la Encarnación del Hijo de Dios y la salvación de toda la humanidad.

Esta festividad se celebra desde el siglo V en Oriente y en Occidente a partir del siglo VII.
La fiesta tuvo varias denominaciones:
_ Anunciación de María.
_ Festividad de la Encarnación.
_ Anunciación de la Santisima Virgen María.

Con esta última denominación se celebra hasta el año 1970 que se le llama Anunciación del Señor.

sábado, 6 de abril de 2024

ORACION DE LA MAÑANA DE LA PASCUA

CUARTO DOMINGO



¡CUANDO MAS TE NECESITO, SEÑOR! Javier Leoz 
Te asomas, despertándome de mi letargo cristiano y me pones en guardia frente a tantas cosas que debilitan y distorsionan mi amistad contigo. Cuando más ten necesito, Señor, eres cayado en el que me apoyo para sujetarme nunca caer y siempre levantarme. Cuando, veo que mi nombre se pierde el abismo, suena tu voz clara y nítida: ¡AMIGO!
 Y, compruebo una y otra vez, que eres Pastor que guarda mis pensamientos en el día y hasta vela mis sueños entrada la noche. Sí; Jesús. Siempre surges en el momento oportuno. Conoces mi vida como nadie y, a pesar de estar tan llena de briznas, la pones sobre tus hombros para, una y otra vez, redimirla de sus pecados y dolencias. Y es que, Tú, Señor, como Pastor diligente, oportuno y puntual te haces el encontradizo cuando más te necesito Si, debilitado por mis esfuerzos, pienso en el abandono me elevas sobre tus hombros me cubres con tus brazos y me rodeas con tus Palabras de liberación Si, paralizado por mis errores, miro al fracaso susurras palabras de consuelo a mis oídos: ¡Yo estaré contigo todos los días! Y es que, Tú, Señor, como Pastor que conoces mis atajos y mis dudas te presentas cuando más te necesito. Si, confundido por mil ideas, temo desertar me confirmas en la fe verdadera: ¡YO SOY! 
Si, añorando poder y riquezas, dirijo mis ojos hacia el escaparate del mundo me llevas ante el tesoro de tu amor. Y es que, Tú, Señor, como Pastor, no quieres que –aún siendo débil oveja- me pierda y me vaya lejos de tu rebaño. Por eso y por tantas cosas, Señor, te doy gracias bendigo tu nombre avanzo en tus sendas proclamo tu Palabra y, hoy como ayer, te digo: ¡TÚ ERES EL BUEN PASTOR! Apareces siempre cuando más te necesito
D
Surges Señor en el momento oportuno porque conoces mi vida. Y hoy que te necesito me pones en tus hombros. Gracias por tanto Buen Pastor
L
Solo a travesde Jes´us encuentras la vida verdadera. El es la puerta de esa vida. Cruzarla es parecerse a El. Recuerda que El pasó haciendo el bien.Concédeme amarte más a ti que a mí mismo, dame la gracia de saber entrar por la puerta que me señalas y que en definitiva seas Tú realmente el Señor de mi vida entera.
M
Señor, Tú que eres el buen pastor, dame la gracia de poder seguirte en todo momento y en todo lugar. Te pido la gracia de escuchar tu voz en medio del desorden de este mundo; que en medio de tinieblas yo te siga para llegar a los verdes prados donde me haces reposar.

X
Jesucristo, creo en ti; creo en el Padre que te ha enviado; creo en tu Palabra que es la luz que ilumina mi camino. Por eso quiero oírte y poner en práctica tu mandamiento, que me promete la vida eterna. Ayúdame a que mi oración me ayude a gustarla ya desde ahora.
J
Señor, vengo a encontrarme contigo en este rato de oración. Ayúdame a acallar mis preocupaciones y pendientes, a desechar ruidos, planes, sueños, que no me dejan escucharte. Quiero quedarme un rato contigo y prestar mucha atención a lo que me quieres decir hoy.

V
Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: «No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mí». Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre sino por mí». No lo hemos de olvidar nunca.
S
Gracias, Señor, por llamarme a estar contigo. Quiero acercarme a ti con la confianza que me da el saberme que me quieres, que buscas siempre mi bien y que siempre me escuchas. Que este rato de oración me ayude a confiar más en ti.


La obra de Cristo no se acaba en él. Los discípulos, imitaran al Viviente, realizarán las mismas obras que él realizó, y aún mayores. Cristo muere, y los discípulos se levantan. Habitados por el Espíritu, proclaman la resurrección y confirman que el amor es más fuerte que la muerte.
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA


¡CON MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR! (2ºPASCUA) 
Abriré las puertas, cuando me llamen a tiempos y a deshoras y, aun con incertidumbres o dudas, proclamaré que estás vivo y operante Que, en mis miedos y temores, me das la valentía de un león para hacer frente a mis adversarios.
 ¡CON MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR! Ven, Señor, y como a Tomás muéstrame tu costado no para que crea más o menos sino para sentir un poco el calor de tu regazo. Ven, Señor, y como a Tomás, enséñame tus pies no porque desee verlos taladrados sino porque, al contemplarlos, conoceré el precio que se paga a los que desean andar por tus caminos Ven, Señor, y como a Tomás, dame tus manos no para advertir los agujeros que los clavos dejaron sino para, juntando las mías sobre las tuyas, comprender que he de ayudar al que está abatido animar al que se encuentra desconsolado o servir con generosidad, a todo hombre que ande necesitado
 ¡CON MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR! Porque, sé que, los Apóstoles débiles y santos, con virtudes y defectos, nos han dejado esta Iglesia que es Madre y sierva Santa y pecadora, grande y pequeña, Rica y pobre, pero esplendorosa por la alegría de tu Pascua Resucitadora 
¡ALELUYA, CREO CON TU IGLESIA, EN TI SEÑOR!
D


L
Gracias, Dios mío, por el Misterio de la Encarnación. Gracias porque has querido venir a nuestro mundo para compartir con nosotros las penas y las alegrías; nuestras sonrisas y nuestras lágrimas. Así eres nuestro hermano. Gracias porque has trabajado con manos de hombre; has mirado con mirada de hombre; has amado con corazón de hombre.
Señor y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que estas junto a mí, que me oyes, y es por eso que quiero hablarte desde lo más profundo de mi corazón; te pido la gracia de hacer de este rato de oración, un momento de intimidad gozosa con tu corazón misericordioso.
X
J
Somos testigos de lo que Dios ofrece graciosamente a los hombres en su Hijo, por eso nuestra fe no consiste solo en afirmar que Jesús es el Cristo, sino en aceptar ser hijo de Dios en Él y vivir como tales.
V

Jesús, pon tu palabra, pon tus manos, pon tus ojos, mírame y dame tu bendición.
S


 DOMINGO DE RESURRECCION




¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN A TODOS! También yo, en el amanecer de esta jornada con el alma sujetada por la penumbra pero con el corazón inquieto me he acercado hasta el lugar donde creía y me dijeron se encontraba tu cuerpo amarrado entre vendas, sudarios o desfigurado por los sucesos de estos últimos días. Más, cual ha sido mi sorpresa, Señor, cuando al cruzarme con María Magdalena con Simón Pedro y luego con Juan me han dicho que, no tenga prisa, que tu losa no está ni sellada ni centrada Que la piedra de tu sepulcro se encuentra movida y que abra bien los ojos para la gran sorpresa que me espera
 ¡ABREME LOS OJOS, SEÑOR! Pues quiero verte para nunca más perderte Porque, después de avanzar hasta tu sudario necesito certezas para comprender y gritar al mundo que ¡Creo! ¡Creo! ¡Y mil veces creo! Que has vuelto para devolvernos vida abundante Que, a partir de hoy, la asignatura difícil de la muerte ha sido resuelta y superada por el Maestro que más enseñó con palabras de amor y con gestos de humildad con milagros y promesas felizmente cumplidas.
 ¡ABREME LOS OJOS, SEÑOR! Quiero, sin temor ni temblor, y aunque algunos me digan lo contrario asomarme y ver el golpe definitivo que tu triunfo sobre la muerte ha dejado. Quiero, con la emoción de los discípulos y de la mano de Santa María Virgen comprender y creer que, era cierto, ¡Has resucitado! ¡Lo has hecho por nosotros! 
¡ABREME LOS OJOS, SEÑOR PARA VERTE Y NUNCA PERDERTE!
D
Mi vida una ofrenda de alabanza, la resurrección ofrenda de La vida de Cristo al Padre y el Padre acepta esa ofrenda
L
Ven, Señor, a mi encuentro. Creo en ti, espero en ti, te amo. Permíteme escuchar tu palabra con esperanza, ver tu rostro con la fe y transmitirte motivado por tu amor. Amén.
A quien buscas...... responder a Tu llamada Señor resucitado en la fe y a ser testigo del Señor resucitado delante del mundo
X

¿a quién buscas?
 Esta pregunta Jesús la dirige a ti, quiere que veas en tu corazón y respondas; es fácil responder “te busco a ti, Señor”, pero existe la posibilidad que te busques a ti mismo o busques a otra persona y, aun así, Jesús se acerca para que te des la oportunidad de verle y reconocerle y, al igual que María, te llenes de gozo y puedas decirle “¡Rabuní!” al momento que le escuches decir tu nombre, en tu corazón o de forma audible.
J

Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras. Y eso parece que pide el vivir siempre abierto al Espíritu, en actitud de dejarse sorprender cada día, dispuesto a aprender, a dejarse seducir cada día por Jesús. Termina el Evangelio de hoy invitándonos a ser testigos. A mostrarle a Él con nuestra forma de vivir.
V
Pedro había conocido a Cristo. Vivió con Él, comió junto a Él; lo escuchó…, lo traicionó, lo amó; era su amigo. De repente se ve sin Él, se ve sin el amigo que a su vida le dio sentido; el amigo que alguna vez le dijo: “desde ahora ya no solo serás pescador sino que serás pescador de hombres…, uno de los apóstoles, mi discípulo, mi amigo.”
S
Jesús, vengo ante ti, una vez más para poner en tus manos todo lo que soy y todo lo que tengo. Tú me conoces y sabes que es lo que llevo en el corazón, cuáles son mis tristezas y mis alegrías. Te doy las gracias porque nunca me has abandonado, siempre has estado a mi lado, aun cuando no me he dado cuenta. Aumenta mi fe para creer en ti,

viernes, 5 de abril de 2024

DOMINGO DE RESURRECCIÓN, OCTAVA DE PASCUA

SÁBADO

“ Les echó en cara su dureza de corazón ”


 según san Marcos 16, 9-15 

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 

Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. 

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. 

Las tres apariciones: la de la Magdalena, la de los discípulos de Emaús, y la de los Once. Lo que llama la atención es aquello en que las tres apariciones coinciden: NO CREYERON

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. 

No se trataba de creer que un muerto había vuelto a la vida, como en el caso de Lázaro a quien podían ver, ni de la inmortalidad, ni de la prolongación de esta vida nuestra en la otra. Se trataba de la Resurrección, de la entrada de Jesús definitivamente en el mundo de Dios para no volver ya ni a sufrir, ni a morir.

Se trataba de la entrada de Jesús en la plenitud: la plenitud de la vida, la plenitud de la verdad, la plenitud del amor, la plenitud de la felicidad. A esa vida plena en Dios nos llama Jesús a todos en la Resurrección.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

Es verdad que no la merecemos, pero no es cuestión de méritos sino de “gracia”, de don, de regalo. Y esta plenitud ya tiene que comenzar en este mundo. Cristo Resucitado quiere que ya en esta vida “pregustemos” las alegrías de la futura felicidad. Cuando estos discípulos pasaron del no-creer al creer, se quedan “asombrados”.

Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».


Durante esta semana hemos estado celebrando la Resurrección de Jesús. No se trata de un acontecimiento del pasado; se trata de un acontecimiento presente, tan real como lo fue para los Once y los demás discípulos. Y como Pedro en la primera lectura, estamos llamados a ser testigos. ¡Jesús vive; verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya, aleluya!


VIERNES

“ Es el Señor ”




según san Juan 21, 1-14 

En este bello relato, escrito tan al vivo que, al leerlo, da la impresión de que la tinta está todavía sin secarse, el Evangelista Juan, testigo de los hechos, nos presenta una aparición distinta.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades.

Aquí no se trata de encontrarse con Jesús en situaciones límite o extraordinarias como puede ser la de la Magdalena llorando la muerte, o Emaús con discípulos de vuelta de todo, o en el Cenáculo con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos.

 Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». 

Aquí todo es fácil, sencillo, normal. Dice Pedro: “Voy a pescar”. Es lo normal en un pescador de oficio. Lo mismo que cada mañana el labrador dice: voy a sembrar, y la ama de casa: voy a comprar; y el hombre de negocios: voy a la oficina.

Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.

Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Lo importante en esta aparición es que el Resucitado se hace presente en la vida ordinaria, en la sencillez de lo cotidiano. ¿Y qué sucedió? Pues que aquel almuerzo después de pescar que hubiera sido normal, ordinario, rutinario, se convirtió con Jesús en una auténtica fiesta. ¡Qué almuerzo tan sabroso!

 Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

 La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». 

Y este es el mensaje: con Jesús Resucitado la vida tiene otro color y otro sabor. No hay que esperar al viernes por la tarde para pasarlo bien.

No hay que esperar al viernes por la tarde para pasarlo bien. Con Jesús todos los días son bonitos, aunque sean lunes. Jesús es la alegría de la vida.

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. 

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. 

Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. 

No olvidemos que Juan, tan pronto como ve a Jesús, exclama: ¡Es el Señor! Y Pedro se lanza al agua para ir a su encuentro. Es el gozo que les inunda. Los que han estado acostumbrados a vivir con Jesús ya no saben vivir sin Él.

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.


JUEVES

“ Vosotros sois testigos de esto ”



según san Lucas 24, 35-48 

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

En el Evangelio tenemos el testimonio de los discípulos como lo reconocieron al partir el pan. La importancia de la Eucaristía para el discípulo, necesaria para el seguimiento del Señor, “sin Mí no podéis hacer nada” –nos dice el Señor- se nos entrega como alimento para que tengamos vida y vida en plenitud.

 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. 

También nos aparece el Señor resucitado comunicando la paz, la paz que sana de verdad los corazones, sana todas las heridas, curando y reparando. Al encontrarse con los discípulos vuelve a interrogarlos: ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?

Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? 

Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona.

 Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». 

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. 

Cuanta paciencia tuvo que tener con sus discípulos. Los pobres hombres, a pesar de estar con el Maestro, parece que no se enteraban demasiado. Y el Señor intentando hacerles comprender: ¿Tampoco vosotros sois capaces de entender? ¿Por qué estáis tan asustados y tenéis esas dudas en vuestro corazón?

Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». 

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. 

Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

El Evangelio refiere también que los dos discípulos, tras reconocer a Jesús al partir el pan, «levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén» . Sienten la necesidad de regresar a Jerusalén y contar la extraordinaria experiencia vivida: el encuentro con el Señor resucitado.”




También hoy el Señor tiene que ser paciente con nosotros ya que nos ocurre algo parecido. No acertamos a reconocer al Resucitado en la vida de cada día, nos cuesta ver y entender su voluntad, nos cuesta sentirle presente en los detalles de cada jornada.

Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras. Y eso parece que pide el vivir siempre abierto al Espíritu, en actitud de dejarse sorprender cada día, dispuesto a aprender, a dejarse seducir cada día por Jesús. Termina el Evangelio de hoy invitándonos a ser testigos. A mostrarle a Él con nuestra forma de vivir.

MIÉRCOLES

“ Se les abrieron los ojos y lo reconocieron ”


según san Lucas 24, 13-35 

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. 

El relato nos presenta a dos discípulos que salían de Jerusalén rumbo a una aldea llamada Emaús. Iban decepcionados, alicaídos. El Mesías en quien habían puesto todas sus esperanzas había muerto. Habían oído decir que estaba vivo, pero no parecían estar muy convencidos. En otras palabras, les faltaba fe o, al menos, esta se había debilitado con la experiencia traumática de la Pasión y muerte de Jesús.

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 
Jesús sabe lo que van hablando; Él conoce nuestros corazones. Aun así, se acerca a ellos y les pregunta. Ellos no le reconocen, sus ojos están cegados por los acontecimientos.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».
Le relatan sus experiencias y comparten con Él su tristeza y desilusión. Jesús los confronta con las Escrituras: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Pero no se limitó a eso. Con toda su paciencia se sentó a explicarles lo que de Él decían las Escrituras, “comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas”.

 Él les dijo: «¿Qué». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 

Ellos se interesan por lo que está diciéndoles aquél “forastero” que encontraron en el camino. No quieren que se marche. Se sienten atraídos hacia Él, pero todavía no le reconocen. Más adelante, luego de reconocerle, dirán cómo les “ardía el corazón” cuando les hablaba y les explicaba las Escrituras.

Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana la sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo.

 Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria». 

Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. 
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». 

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 

Le invitan a compartir la cena con ellos. Allí, “sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron”. Ese gesto de Jesús, el mismo que compartió con sus discípulos en la última cena, hizo que se les abrieran los ojos de la fe

Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». 
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Desapareció de su vista física, pero habían tenido la oportunidad de ver el cuerpo glorificado del Resucitado, y esa “presencia” permaneció con ellos, al punto que regresaron a Jerusalén a informar lo ocurrido a los “once” y sus compañeros, quienes ya estaban diciendo “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”.

 Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


MARTES

“ ¡Cristo, el Señor, ha resucitado! ”



según san Juan 20, 11-18 

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. 

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?».


 Los ángeles le han participado la buena noticia, pero aun así, está entristecida y no es capaz de descubrir en quien tiene delante a su amado Maestro.

 Ella contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

 Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Sólo cuando la llama por su nombre, lo reconoce al instante. 

Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice. «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Como que de repente, el reencuentro con una persona amiga puede rehacer la vida y hacernos descubrir que el amor es más fuerte que la muerte y la derrota.

Jesús se revela a María Magdalena y le entrega una misión, la envía como evangelizadora, como anunciadora de la gran noticia: “Esta vivo, resucitó yo lo he visto”.

Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».

Nadie puede retener al Señor, nadie puede guardárselo como un secreto, un valioso joyel que se pone a salvo de miradas indiscretas. Al contrario, Jesús anima a la Magdalena a cumplir su misión: “Anda, ve a mis hermanos y diles”.

 María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».


Este día,  Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar.

 María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección.

Sólo cuando Jesús te nombra, caes en la cuenta de que está junto a ti, por muy penosas que sean las circunstancias por las que atraviesa tu vida, por muchos que sean los sinsabores.


LUNES

“ No temáis ”


según san Mateo 28, 8-15 

El testimonio de una mujer, entre los judíos en tiempos de Jesús, no tenía la misma validez que el de un hombre. Pero las primeras que dan noticia de la resurrección del Galileo son mujeres.

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. 

De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. 

A ellas se les aparece el Maestro, y así lo hacen saber al resto de seguidores.

Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. 

En frente, los soldados apalabran una versión falsa de lo ocurrido con los sumos sacerdotes previo pago. Probablemente, estemos en presencia de la primera fake new (noticia falsaria) de la historia destinada a confundir y a ocultar la Verdad.

Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. 

Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

 Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pero las mujeres, precisamente mujeres, no sienten temor alguno de contar lo que han visto. Al contrario, lo que sienten es alegría. Las dos primeras frases de Jesús glorificado son la clave: «Alegraos» y «No temáis». 




No tengáis miedo, nos dice a ti y a mí hoy. Sacúdete el temor y deséale a todos con los que te cruces hoy felicidades, porque estamos alegres y se nos tiene que notar. Feliz Pascua.

 DOMINGO

“ No sabemos dónde lo han puesto ”



Evangelio según san Juan 20, 1-9 

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. 

El gran signo que hoy nos da el Evangelio es que el sepulcro de Jesús está vacío. Ya no tenemos que buscar entre los muertos a Aquel que vive, porque ha resucitado.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». 

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. 

Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. 

Los discípulos, que después le verán Resucitado, es decir, lo experimentarán vivo en un encuentro de fe maravilloso, captan que hay un vacío en el lugar de su sepultura.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. 

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

El Evangelio dice que «entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó» (Jn 20,8). Supo captar por la fe que aquel vacío y, a la vez, aquella sábana de amortajar y aquel sudario bien doblados eran pequeñas señales del paso de Dios, de la nueva vida.

 Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos

El amor sabe captar aquello que otros no captan, y tiene suficiente con pequeños signos. El «discípulo a quien Jesús quería» (Jn 20,2) se guiaba por el amor que había recibido de Cristo.


“Ver y creer” de los discípulos que han de ser también los nuestros. Renovemos nuestra fe pascual. Que Cristo sea en todo nuestro Señor. 

 Hagámonos apóstoles y discípulos suyos. Guiémonos por el amor y anunciemos a todo el mundo la felicidad de creer en Jesucristo. Seamos testigos esperanzados de su Resurrección.

Dios nos sorprende siempre. Acepta que el Señor resucitado entre en tu vida, acógelo, abrele tu corazón, confía, ¡Él es la vida! Vida en plenitud. Tiempo especial para dejarnos sorprender por Él. Gloria al Señor y Feliz Domingo de Resurrección.


jueves, 4 de abril de 2024

LA PAZ CON USTEDES

 Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

 Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: 

“La paz esté con ustedes”.


Una de las experiencias más enriquecedoras que podemos tener, como seres humanos, es el poder experimentar la verdadera paz en el corazón, una paz que nos da serenidad, tranquilidad, alegría, goce; pero que a su vez es una paz difícil de encontrar.

Muchas veces nos parece ajena, imposible en los momentos de dificultad, sentimos temor, nos encontramos desconcertados como lo estuvieron también los apóstoles, nos surgen preguntas, ya que no tenemos las seguridades humanas y, por tanto, no sabemos qué sucederá.
Ante estos momentos, de incertidumbre o de pérdida de paz, el Señor hoy nos quiere mostrar dos maneras de vivir que nos pueden ayudar.

 En primer lugar,hay que poner en práctica la visión sobrenatural de fe, lo cual quiere decir que, si Jesucristo murió y resucitó por cada uno de nosotros, Él es la fuente de la paz; lo único que tenemos que hacer es confiar más en Él pues su muerte es redención de aquello que nos quita la paz, el pecado.

En segundo lugar, para no perder la paz, tenemos que conservar en todo momento la esperanza, pues por Dios hemos sido creados y, por ende, nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Él como nos enseña san Agustín.