YA ES SEMANA SANTA

YA ES SEMANA SANTA
Ver pinchando la imagen

Páginas

sábado, 10 de mayo de 2025

VISITA AL SANTUARIO AGUSTINO DE ROMA

Visita a Santa Maria la Mayor




















Papa León XIV, Visita sorpresa al santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo en Genazzano (Roma) Italia 10 de mayo de 2025


Su llegada










La tarde de este sábado, 10 de mayo, poco después de las 16.00 hora de Roma, el Papa León XIV llegó al Santuario de la Madre del Buen Consejo en Genazzano, a las afueras de la capital italiana, para una visita privada.





 El Papa saludó a la gente en la plaza y rezó ante el icono de la Virgen: “Tenía muchas ganas de venir aquí en estos primeros días del nuevo ministerio que la Iglesia me ha encomendado, para llevar adelante la misión como Sucesor de Pedro”.
















Asimismo, la Oficina de Prensa del Vaticano señaló que, “tras la festiva acogida por parte de varios centenares de personas reunidas en la plaza frente al Santuario, el Papa entró en la iglesia, donde saludó a los religiosos y se detuvo a rezar, primero delante del altar y luego delante de la imagen de la Virgen, donde con los presentes recitó la oración de Juan Pablo II a la Madre del Buen Consejo”.




El Papa reiteró su «confianza en la Madre del Buen Consejo» Al final, después de recitar el Ave María y cantar la Salve Regina, el Papa León XIV se dirigió a los presentes en la iglesia, saludándolos a quienes estaban en el templo y a los “genazzanos” que estaban reunidos fuera de la iglesia. “


He deseado mucho venir aquí en estos primeros días del nuevo ministerio que la Iglesia me ha confiado, para llevar adelante esta misión como Sucesor de Pedro”.

 Y recordando la visita realizada tras su elección como Prior General de la Orden de San Agustín (en 2001), y la elección de «ofrecer la propia vida a la Iglesia», el Papa reiteró su «confianza en la Madre del Buen Consejo», compañía «de luz, de sabiduría» con las palabras que María dirigió a los sirvientes el día de las bodas de Caná, narradas en el Evangelio de Juan: «Hagan lo que Él les diga».



Luego, junto con la comunidad agustina, el Papa se dirigió a una sala interior para un encuentro privado.




viernes, 9 de mayo de 2025

III DOMINGO DE PASCUA

SÁBADO

“ Tú tienes palabras de vida eterna ”


según san Juan 6, 60-69 

En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».

El Evangelio de hoy vemos como algunos de los que siguen a Jesús se escandalizan por sus palabras, lo critican e incluso lo abandonan,

 Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?

 El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. 

Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen». 

Jesús habla sin doblez, con naturalidad, con sencillez, “sin milongas”, con coherencia y sin vuelta atrás en sus palabras, habla con la firmeza de la verdad. Jesús habla y sus palabras son fuego en el corazón que purifica. Sus palabras cuestionan y no dejan indiferente a nadie. Algunos se escandalizan “este modo de hablar es duro” y muchos se echaron atrás.

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. 

Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede». 

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. 

Jesús hoy sobre mí: ¿También tú te quieres marchar? Y siento que me sale de mi corazón la misma respuesta de Pedro: Señor, ¿adónde voy a ir yo sin Ti?

Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». 

Tengo ya muchos años viviendo contigo, muchos años juntos en un mismo camino. Yo sí que te he defraudado, no he respondido a lo que Tú, desde siempre, has esperado de mí. Y lo siento de todo corazón.

Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? 

Simón Pedro responde a Jesús, con gran sensatez, a la pregunta de si también ellos quieren marcharse, “Tú tienes palabras de vida eterna”, ¿a quién vamos a acudir? ¿Quién nos dará la seguridad que necesitamos de que nuestra vida vale la pena siempre, pase lo que pase? ¿Quién nos ama a pesar de que la carne (las cosas de este mundo que tenemos) se pierda? Sólo el Señor que nos ama desde siempre y para siempre, sólo Él que tiene “palabras de vida eterna”

Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

Señor, esa pregunta tuya tan directa, tan provocadora, lanzada de corazón a corazón, no puede pasar desapercibida en mi vida de fe. Haz que te conteste hoy no con respuestas teóricas ni evasivas, sino con la verdad de mi vida. Quiero contestar con toda verdad, con toda sinceridad. Y ya, de entrada, te digo que me falta mucho para un auténtico seguimiento, pero soy sincero cuando afirmo que, en mi intención quiero seguirte de corazón y decirte: ¿Adónde voy a ir yo sin Ti?



VIERNES

“ El que coma de este pan, vivirá para siempre ”



según san Juan 6, 52-59

 En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

San Agustín les diría: “Dame un corazón que ame y entenderán lo que digo”.

Lo lógico, lo razonable, es objeto de la razón, pero el amor no tiene lógica.

 Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 

Si Dios se hubiera guiado por la lógica de la razón no tendríamos ni Encarnación, ni Redención, ni Eucaristía. Afortunadamente para nosotros Dios se ha guiado siempre por la lógica del amor.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 

Y una de las características del amor es que “el amor no se va, el amor se queda”. Se fue al cielo y se quedó con nosotros a través de la Eucaristía.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Al recibir a Cristo en la Eucaristía, ese alimento no lo hacemos sustancia nuestra, pero sí nosotros nos unimos sustancialmente con Dios. Cada uno de nosotros puede decir con San Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”

 Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Tenemos a Jesús vivo, sacramentado tras su resurrección gloriosa, presente en el sacramento del altar pero si dudamos es falta de fe.


Caminar con Él y detrás de Él, tratando de poner en práctica su mandamiento, el que dio a los discípulos precisamente en la última Cena: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros”.

JUEVES

“ Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo ”


según san Juan 6, 44-51 

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, 

Jesús, que habla de atracción, de deleite, de fascinación. Es bueno oír de los labios de Jesús que Dios atrae, que Dios seduce, que Dios encanta.

Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. 

No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. 

Yo prefiero ser atraído por el amor del Padre, ser seducido por Él, sentirme encantado de vivir en su casa, sentarme a su mesa, comer de su pan, beber de su vino, y cobijarme a la sombra del “árbol de la vida”

En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. 

Sólo una persona “dichosa” puede hacer dichosos a los demás; sólo una persona encantada puede encantar a los demás; sólo una persona “satisfecha” puede llenar de sentido y de ilusión la vida de los demás.

Sólo una persona que está contenta y feliz con su Dios, puede bendecir, es decir, hablar bien de Dios.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».



A Dios sólo se le puede encontrar por el camino del amor. Si nos salimos de ese camino, siempre, siempre nos equivocamos y podemos convertir a Dios en un ídolo. DIOS ES AMOR

MIÉRCOLES

“ Yo soy el pan de la vida ”


según san Juan 6, 35-40 

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Yo soy el pan de la vida.


Jesús no es un pan que se compra en la panadería. Es un símbolo de sí mismo. El pan es símbolo del alimento que comen los hombres cada día. No es “un lujo sino una necesidad”. La comunidad primitiva ha descubierto que sin Jesús no pueden vivir. 

 El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. 

Encontrado en Jesús “seguridad”. Pero no sólo seguridad para unos años o el tiempo de nuestra corta vida, sino que Jesús habla de “vida eterna”. Es decir, de una vida “más allá de nuestra vida”.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. 

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. 

Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día». Reflexión del Evangelio de hoy

También el pan tiene una connotación con “la bondad”. Solemos decir: este hombre o esta mujer son más buenos que el pan. Y me pregunto: Yo que me alimento todos los días de este pan de la bondad ¿Cómo no soy bueno? Salgo de Misa y murmuro, soy violento, calumnio…, ¡Es algo inconcebible!


San Agustín, en su Comentario al Evangelio de san Juan, explica así: «Estaban lejos de aquel pan celestial, y eran incapaces de sentir su hambre. Tenían la boca del corazón enferma… En efecto, este pan requiere el hambre del hombre interior». Y debemos preguntarnos si nosotros sentimos realmente esta hambre, el hambre de la Palabra de Dios, el hambre de conocer el verdadero sentido de la vida.


MARTES

 “ Yo soy el pan de vida ”




según san Juan 6, 30-35 

En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? 

Jesús se manifiesta en este evangelio como el “pan de la vida”. No se trata de un pan material, ni siquiera del pan de maná que había dado el Padre a los judíos hambrientos en el desierto. Nos promete un pan que da vida, pero no una simple vida humana para prolongar nuestros años.


Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». 

Jesús aquí nos habla de un pan que da vida en plenitud. Un pan que “sacia”, un pan que nos satisface, que nos llena por dentro el corazón. En realidad, un pan que nos hace ya aquí y ahora plenamente felices.

Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». 

Jesús aquí nos habla de un pan que da vida en plenitud. Un pan que “sacia”, un pan que nos satisface, que nos llena por dentro el corazón. En realidad, un pan que nos hace ya aquí y ahora plenamente felices.

Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». 

Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».


Dado el ambiente tan poco religioso que estamos viviendo en esta sociedad secularizada, cada vez se hace más difícil el creer.
 En realidad nadie puede creer en el más allá si ese “más allá” no se ha hace presente, de alguna manera, en el “más acá”.


LUNES

“ Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura ”

según san Juan 6, 22-29 

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

La multiplicación de los panes y los peces desató una ola de entusiasmo que el evangelista describe a la perfección con ese enjambre de lanchas surcando el Tiberíades de orilla a orilla en busca de algún rastro del Maestro.

Lo siguen por las dos orillas del mar de Tiberíades. Y la primera pregunta que le formulan, cuando dan con él, nos da la clave de ese seguimiento: cuándo has venido.


 Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. 

Era tan espectacular el prodigio de dar de comer a esa multitud que, a la fuerza, tenía que despertar admiración y mover a seguirlo.

Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

A esa muchedumbre le atraen los signos, la extraordinaria intervención que ha saciado su hambre material. Tanto que lo primero que le preguntan es «¿cuándo has venido aquí?» por si se ha producido otro prodigio en su ausencia, como el espectador de un truco de ilusionismo contrariado por haberse perdido parte de la función.

 Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. 

Jesús los alecciona: «Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna». El pan del espíritu que comemos en la Eucaristía.

Lo de menos es el signo de la multiplicación y lo de más es la vida eterna que nos promete entrar en el corazón del Padre

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».

Pero para ello se hace imprescindible obrar como Dios quiere: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado». Creer en Jesucristo más allá de milagros, prodigios y signos. Creer porque es el único mediador entre nosotros y Dios, no hay más camino que el suyo. 




Es la fe en Jesucristo la que nos lleva a la salvación, al banquete celestial donde comeremos el alimento de la vida eterna. Sin fe, nada de lo que hagamos, aunque vayamos de puerto en puerto como estas barcas recalando aquí y allá en el mar de Galilea es infructuoso. Más aun: es inútil.

Y tu fe......................¿como anda?

DOMINGO

“ Echad la red ”





según San Juan 21, 1-19 

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. 

Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». 

La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». 

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. 

Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. 

Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. 

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos. 

Por tres veces la misma pregunta de Jesús a Pedro. Podría haber hecho otras preguntas. Podría haberle pedido explicaciones sobre la triple negación en aquella noche del gallo. Pero, no. No le echa en cara nada. Olvida el pasado y le pregunta por el presente: ¿Me amas?

Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». 

Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». 

Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

También Pedro podría haber respondido de otra manera. Podría haber dicho, por ejemplo: Perdóname, Señor. Es que soy un desastre. Te prometo que no volverá a suceder. Pero, no. Responde, tal como quiere Jesús, olvidando el pasado y diciendo lo que siente ahora: Sí, Señor, tú sabes que te quiero.

 Él le dice: «Pastorea mis ovejas». 

Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» Y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». 

Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras». 

Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».


Aquí todo es fácil, sencillo, normal. Dice Pedro: “Voy a pescar”. Es lo normal en un pescador de oficio. Lo mismo que cada mañana el labrador dice: voy a sembrar, y la ama de casa: voy a comprar; y el hombre de negocios: voy a la oficina. Lo importante en esta aparición es que el Resucitado se hace presente en la vida ordinaria, en la sencillez de lo cotidiano.

HABEMOS PAPAM ; LEÓN XIV

 



Habemus Papam! León XIV Papa León XIV


Habemus Papam! León XIV Papa León XIV

 El cardenal Prevost es desde hoy, 8 de mayo de 2025, el Santo Padre León XIV. 




 Los 133 cardenales electores reunidos desde el miércoles 7 de mayo en cónclave han elegido al cardenal Prevost para ser el 267º Papa en la historia de la Iglesia católica y la Plaza de S. Pedro y el mundo entero ha escuchado la expresión Habemus Papam! 

 En la Plaza de San Pedro la fumata blanca, y el repicar de las campanas, han anunciado, a las 18.07 horas, que tenemos nuevo Papa.



 A las 19.14 horas se abría la logia o balcón central del Aula de las Bendiciones, situada sobre el pórtico de la Basílica de San Pedro y que da a la plaza. 

 El cardenal francés Dominique Mamberti, como corresponde al cardenal Protodiácono, ha anunciado al pueblo romano y al mundo entero el nombre del nuevo Papa según la fórmula, pronunciada en latín, de acuerdo con el Ordo Rituum Conclavis (ritual del cónclave):




Os anuncio un gran gozo: Habemus Papam! El Eminentísimo y Reverendísimo Señor Robert Francis, Cardenal de la Santa Iglesia Romana Prevost, quien se ha dado el nombre de León XIV.

Primera bendición Urbi et Orbi 



El nuevo papa aparece en el balcón de la Basílica de San Pedro, donde ofrece su primera bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo). Este acto, realizado tras el Habemus Papam, marca su presentación oficial. En 2013, Francisco pronunció unas breves palabras antes de la bendición, un gesto que se ha vuelto habitual.


«La Paz esté con vosotros» 

El Santo Padre, precedido por la cruz, sale entonces al balcón de la logia de las bendiciones de la Basílica de San Pedro para saludar e impartir su primera Bendición Apostólica Urbi et Orbi. 

Antes de dar la bendición, se ha dirigido a la multitud con las palabras: «La Paz esté con todos vosotros. Quisiera que este saludo de paz llegara a todos vosotros, a todas las personas, a toda la tierra». 



 El papa León XIV nos ha invitado a que «vayamos adelante, Cristo nos precede. La humanidad tiene necesidad de Él como el puente que necesita alcanzar». 

También ha tenido palabras de agradecimiento para el papa Francisco y para recordar «su condición de agustino» citando a S. Agustín quien dijo: «Con vosotros sois cristiano, para vosotros soy obispo». 

 El nuevo Papa, también ha hablado en español para saludar a su «querida diócesis de Chiclayo». Y ha terminado rezando el Ave María.



EL NUEVO PAPA

 Pero... ¿Qué significa exactamente "cónclave"?


 La palabra "cónclave" proviene del latín, 'cum clave' y significa literalmente "con llave". Esto hace referencia a que, históricamente, los cardenales se encontraban encerrados en una habitación con las puertas blindadas y vigiladas. Así, se garantizaba que ninguna persona o hecho externo pudiera interferir en el proceso de elección del nuevo papa. 



 Este protocolo nació tras el Concilio de Lyon en 1274, cuando el papa Gregorio X promulgó la bula 'Ubi periculum', la cual establecía normas muy estrictas para la elección papal. 

El objetivo de Gregorio X era también acelerar el proceso, y no repetir así la situación que llevó a su elección, considerada aún hoy la más larga de la historia......TRES AÑOS


EN LA CUARTA VOTACION      8 DE MAYO

La elección es secreto   pero se sabe.............en la tercera votación Parolion ganaba al agustino en 11 votoa.

Parolin consciente que no llegaba a la mayoria dio un paso atras para permitir que Prevost ganara con ampllia mayoria.

Su pasado  misionero y su cercania Francisco le convirtieron en el Papa 267 pero sobretodo su perfil moderado


Habemus Papam: Robert Prevost es elegido nuevo Papa en el Vaticano y se llamará León XIV

 

Habemus Papam: ¿Qué pasa después de elegir al nuevo papa?


En la Plaza de San Pedro, el cardenal protodiácono pronunciará el Habemus Papam (Tenemos papa) luego de que el cónclave que inicia este miércoles, en la Capilla Sixtina, haya elegido al sucesor de Francisco.

 Sin embargo, detrás de esa significativa frase hay todo un protocolo que seguir. Conócelo a continuación.

 Se anuncia la elección del nuevo papa 

Tras la última votación de los 133 cardenales que forman el Cónclave, cuando un candidato obtiene 89 votos (dos tercios), se queman las papeletas con químicos que producen fumata blanca. 



 Dentro de la Capilla Sixtina, el cardenal elegido es preguntado por el decano del Colegio Cardenalicio, Giovanni Battista Re, si acepta el cargo. 

Tras aceptar, elige su nombre pontifical. 

Luego, se retira a la Sala de las Lágrimas para vestir las vestimentas papales: sotana blanca, pectoral y solideo, adaptados a su talla.

Minutos después, el cardenal protodiácono, actualmente Dominique Mamberti, aparece en el balcón de la Basílica de San Pedro y pronuncia el “Habemus Papam”, revelando el nombre del nuevo papa y su nombre pontifical. 



 Primera bendición Urbi et Orbi 



El nuevo papa aparece en el balcón de la Basílica de San Pedro, donde ofrece su primera bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo). 

Este acto, realizado tras el Habemus Papam, marca su presentación oficial. En 2013, Francisco pronunció unas breves palabras antes de la bendición, un gesto que se ha vuelto habitual.