martes, 17 de junio de 2014

EL CORPUS EN MADRID





 Hace tiempo que el Corpus dejó de ser fiesta nacional, pero hubo un tiempo en el que era una de las celebraciones más importantes del año y la procesión, la más esperada en Madrid, además de una de las más pintorescas, así que hoy hemos decidido contaros en qué consistía.

 La celebración del Corpus Christi surgió en el siglo XIII en Lieja (Bélgica) y fue Urbano IV quien la instituyó oficialmente en el jueves siguiente a la octava de Pentecostés, de ahí el dicho popular madrileño “Hay tres jueves al año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.



Esta festividad, que parece que al principio no tuvo mucho seguimiento, fue tomando importancia en la Villa hasta el punto de que en 1482 la reina Isabel la Católica presidió la procesión descalza y portando una vela; desde entonces la popularidad de la festividad del Corpus no dejó de crecer y otros reyes participaron también en épocas posteriores.

Coincidiendo con su momento de mayor esplendor, durante el reinado de Felipe II, el concejo de la Villa mandó elaborar una custodia de plata que todavía hoy se sigue utilizando y que se guarda en el Museo Municipal.

 La celebración comenzaba ya el día anterior, en el que una comitiva que partía de Santa María de la Almudena -la iglesia más importante y más antigua de Madrid hasta que fue demolida en 1868- y que presidía su sacristán recorría las calles por las que iba a pasar la procesión animando a la gente a decorar los balcones y las fachadas.


 Ya en esta comitiva iba uno de esos personajes que hacían pintoresca esta celebración, el conocido como mojigón, ataviado con un traje de colores y grandes botones (botarga) y que llevaba en la mano una vara con vejigas hinchadas atadas a ella, con la que iba golpeando a cuantos se encontraba a su paso.

Completaban la comitiva un grupo de personas disfrazadas de moros, diablos y ángeles y un joven que hacía las veces de San Miguel y la cerraban el tamboril y la gaita.

 Cuando la comitiva llegaba de nuevo a la iglesia, se realizaba una danza en la que los ángeles luchaban contra los moros y los diablos hasta que triunfaba San Miguel, que decapitaba a un monigote que representaba a Mahoma.



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