Era una antigua pista de carreras, lugar de reunión para espectáculos populares situado en Roma.
Situado en el valle entre los montes Avelino y palatino, el lugar fue utilizado primero para juegos públicos y entretenimientos por los reyes etruscos de Roma.
Algo después, el Circo fue el lugar destinado a los juegos y fiestas públicas tomados de los griegos en el S: II a.C II. La demanda de entretenimientos populares a gran escala por parte de la ciudadanía romana llevó a Julio César a ampliar el Circo sobre el 50 a.C., tras lo cual la pista medía aproximadamente 600 metros de largo, 225 metros de ancho y podía albergar a unos 150.000 espectadores sentados.
César Augusto erigió un obelisco egipcio en la pista.
El obelisco fue trasladado en el siglo XVI por el Papa Sixto V a la Plaza de San Pedro.
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