San Ignacio fue obispo de Antioquia del año 70 al 107 de nuestra era y en esa ciudad "fue donde por primera vez -dijo el Papa- los discípulos recibieron el nombre de cristianos". Condenado a ser devorado por las fieras, fue trasladado a Roma para que esa sentencia se ejecutase y en el camino aprovechó de su paso por diferentes ciudades para reafirmar la fe de los cristianos que habitaban allí.
Hoy, 17 de octubre, recordamos a San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir de los primeros siglos del cristianismo.
Benedicto XVI presenta a san Ignacio de Antioquía, "Doctor de la unidad"
"Ningún padre de la Iglesia ha expresado con la intensidad de Ignacio el anhelo de unión con Cristo y a la vida en El", observó el Papa, explicando que en San Ignacio confluyen "dos corrientes espirituales: la de Pablo, que tiende a la unión con Cristo y la de Juan, concentrada en la vida en El.
A su vez, estas dos corrientes se unen en la imitación de Cristo". "La irresistible tensión de Ignacio hacia la unión con Cristo funda una verdadera y propia mística de la unidad", prosiguió Benedicto XVI, y recordó que en las siete cartas que el obispo antioqueno escribió durante su viaje hacia Roma repite a menudo que "Dios existiendo en tres personas es Uno en absoluta unidad" y dice a los cristianos que "la unidad que tienen que realizar en esta tierra no es más que una imitación, lo más conforme posible al arquetipo divino".
Fue un pastor apasionado por Cristo, la Eucaristía y la unidad de la Iglesia. Cuando fue llevado prisionero hacia Roma, escribió cartas extraordinarias a las comunidades cristianas, animándolas a permanecer firmes en la fe y unidas en el amor. Su testimonio nos deja una pregunta que sigue siendo actual:
¿Qué lugar ocupa realmente Jesucristo en nuestra vida?** Porque creer no significa solamente conocer las enseñanzas de Jesús, sino permitir que su Evangelio transforme nuestras decisiones. 🙏 San Ignacio de Antioquía, ruega por nosotros y enséñanos a vivir una fe valiente, coherente y llena de amor.
Fiel a Cristo incluso ante la muerte. «Soy trigo de Dios y he de ser molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo.»
Su testimonio nos recuerda que la verdadera fe no consiste solamente en amar a Jesús cuando todo va bien, sino en permanecer a su lado incluso en las dificultades.









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