YA ES SEMANA SANTA

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jueves, 3 de abril de 2025

DOMINGO IV DE CUARESMA

 VIERNES

“ El Verdadero es el que me envía ”


Jesús se sabe perseguido. Y toma sus humanas precauciones, como señala el Evangelio del día. Sube a la fiesta de las Tiendas sin dejarse ver mucho… hasta que empieza a predicar

san Juan 7, 1-2. 10. 25-30 

En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.

 Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. 

“Los judíos buscaban a Jesús para matarle”. Y es que la verdad incomoda a aquellos que están anclados en la mentira y hacen de la mentira su medio de vida. Buscar a Jesús para matarlo es intentar “matar la vida”.

¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene». 

Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. 

Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Hoy viernes de Cuaresma, contempla al Crucificado camino de la cruz y ofrece el Vía Crucis por todos los que en este tiempo son crucificados en los campos de refugiados, en las periferias de las grandes ciudades, o los echados a la deriva en tantas pateras que terminan su sueño de dignidad en las fosas de nuestros mares o en tantos otros lugares donde la dignidad de la persona vale tan, tan poco. Aunque todos estos crucificados quedan solapados por los crucificados de la guerra de Ucrania que asola a toda la humanidad.


Señor, yo te agradezco, de corazón, tus bellas enseñanzas. Me encanta descubrir tus propios sentimientos. Te había observado muchas veces caminando, hablando, incluso llorando, pero nunca te había observado “gritando”. Y, sin embargo, yo necesito que me grites de vez en cuando, que sacudas mi alma, que me despiertes a la vida.

JUEVES

“ He venido en nombre de mi Padre, ”


En nuestro caminar cuaresmal bien sabemos que para ir escuchando al Señor que nos habla, la vida ilumina el texto y el texto ilumina la vida; desde esta premisa podemos seguir descubriendo lo que nos trae nuevamente el Evangelio según San Juan.

según san Juan 5, 31-47 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. 

En nuestro caminar cuaresmal bien sabemos que para ir escuchando al Señor que nos habla, la vida ilumina el texto y el texto ilumina la vida; desde esta premisa podemos seguir descubriendo lo que nos trae nuevamente el Evangelio según San Juan.

Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.

 Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. 

Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis. 

Él denunciaba un modo de actuar y de leer las Escrituras que podía generar erudición, pero no encuentro con Dios Vivo. Qué bueno si en este tiempo cuaresmal frecuentamos un poco más la Palabra, nos familiarizamos con ella, guardamos como un tesoro en nuestro corazón su mensaje… dejando que nos transforme sin oponer resistencia…

Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! 

No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis. 

¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?

Pidamos al Espíritu Santo que cada lectura de la Sagrada Escritura nos haga crecer en conocimiento y en relación con Jesús, el enviado del Padre. Que podamos reconocer el testimonio verdadero de quien no se promueve a sí mismo, ni se exalta a sí mismo, sino que procura la voluntad del Padre.

 No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. 

“Moisés escribió de mí”. Es una bonita clave para leer todo el Antiguo Testamento. Escribieron de ti Moisés, los Profetas, los Sabios, los Salmistas. Por eso dirá San Agustín: “Si leo el A.T y no descubro en él a Cristo, su lectura me parece sosa y aburrida.

Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?»


Nos dices que Moisés escribió de ti. A veces me aburren las lecturas del A.T. Hoy quiero leerlas con esta nueva luz que tú me das. Voy a verte a ti en ellas. Así su lectura me resultará no sólo interesante sino apasionante. Me acercaré a los profetas y te leeré a ti. Me acercaré a los salmistas y te escucharé a Ti.

MIÉRCOLES

“ El Padre ama al Hijo y le muestra todo ”


según san Juan 5, 17-30 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: 

«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo». Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. 

Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. 

Nos muestra cómo tras ser criticado por los judíos por haber curado en un día de sábado, Jesús responde: “Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo”.

Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro. 

Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. 

Nos comunica su unión con el Padre. Jesús colabora con el Padre dando continuidad a la obra de la creación, para que un día, todos puedan entrar en el reposo prometido. Dios, que con tanto amor nos ha creado, en Jesús nos recrea y nos promete resurrección y vida eterna.

El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.

Dios es Padre y desea que en su Hijo todos seamos partícipes de su comunión de amor. Ese es el gran misterio que la entrega de Jesús en la cruz pone de manifiesto al mundo, pero que Él, con toda su vida nos lo testimonia.

 En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. 

Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. 

Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió»



Cuantos nos cuesta ver entre los pliegues de la vida  la mano de Dios.

Los judíos fueron incapaces y nosotros también muchos somos incapaces de ver a Dios en el amor ,en los detalles, en la entrega generosa.
¿donde ves a Dios tu?

MARTES

“ Levántate, toma tu camilla y echa a andar ”




El episodio en que Jesús cura a un paralítico que estaba echado en una camilla junto a la piscina de Betesda. Nos dice la Escritura que el hombre llevaba allí treinta y ocho años. Dos cosas nos llaman la atención sobre este pasaje.

según san Juan 5, 1-16

 Se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. 

Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.

 Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». 

Primero, es Jesús quien se toma la iniciativa. Han llegado los tiempos mesiánicos. Es Él quien se acerca al paralítico y le pregunta: “¿Quieres quedar sano?”

Una pregunta directa. Jesús sabe que el hombre lleva mucho tiempo, que ha puesto toda su esperanza en el agua de aquella piscina (en los versos 3b-4 se nos dice que cuando el agua que había en ella era agitada por las alas de un ángel del Señor que bajaba de vez en cuando, el primero que se metía se curaba).

El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».

Segundo, la respuesta del hombre ante esa pregunta trascendental: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado”. Jesús le había hecho una pregunta directa, lo único que tenía de decir era “sí”.

 Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». 

No se daba cuenta que tenía ante sí al mismo Dios, aquél de quienes brotan torrentes de agua viva, capaz de echar demonios, curar enfermos, revivir muertos. Está ventilando su frustración, pero más que nada, su soledad: “no tengo a nadie…” La soledad, lo que el papa Francisco ha llamado la peor enfermedad de nuestro tiempo.

Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. 

Jesús se compadece y le dice: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”. Palabras de vida, palabras de sanación, de alegría. Dentro de toda su frustración y soledad, aquél hombre creyó las palabras de Jesús. Por eso pudo recibir los frutos del milagro. “Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar”.

Aquel día era sábado, y los judíos)) al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla». 


Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».

 Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?». 

Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.

 Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».

 Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Qué distinto el comportamiento de los judíos y el de Jesús. Los judíos tenían que celebrar el sábado, era fiesta para ellos. Y uno se pregunta: Estando rodeados de gente enferma, que lo está pasando mal, ¿todavía tienen ganas de fiesta? 


Para Jesús, la fiesta es precisamente eso: sanar las dolencias, curar las enfermedades, ayudar al que lo necesita, hacer el bien a todos. Esa debería ser nuestra fiesta de Domingo.


No tengo a nadie que me ayude. La soledad en medio de mucha gente. La insolidaridad que desconoce a los semejantes, incluso en situaciones similares. La desesperanza como realidad. Pero allí, ante él, se presenta el que se ha hecho solidario con toda la humanidad........haz tú lo que hizo  Jesús.

LUNES

“ Y creyó él con toda su familia ”


santo evangelio según san Juan 4, 43-54 

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria». 

Lo que asombra del relato evangélico de hoy es la aparente frialdad con que Jesús hace el milagro de la curación del hijo del funcionario de Cafarnaún. Incluso empieza por dirigirle un reproche al convertir los signos prodigiosos visibles como requisito de la fe.

 Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.

 Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».

Pero el tipo insiste a pesar de todo. Y cuando obtiene lo que había venido a buscar, se marcha.

 El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño». 

 Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive». 

Dice el evangelista que «el hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino». Ahí justamente está la clave de bóveda de este pasaje: sin ver, creyó que su hijo ya estaba curado y comenzó a caminar.

 El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre». 

 El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

«Y creyó él con toda su familia», remata Juan el episodio de la curación en Galilea. Pero para que toda su familia se convirtiera, hizo falta que él recorriera la distancia que separaba a Jesús de los suyos.



Señor, en este día quiero rezar para que me des fe, mucha fe, una fe personal, como aquel funcionario del rey que, a pesar de no ser judío, creyó en tu palabra. Todos los días tu palabra pasa por mis manos, por mis labios, por mis oídos. Pero ¿Pasa también por mi corazón? Y, al entrar en mi corazón, ¿cambia mi vida? Haz, Señor, que yo ponga hoy una buena tierra donde germine tu Palabra y dé el ciento por uno.

 DOMINGO

santo Evangelio según San Lucas 15, 1-3. 11-32

“ Su padre lo vio y se conmovió ”




La parábola del Hijo pródigo es uno de los mejores iconos de la misericordia de Dios.

 En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». 

Vives esta pérdida, este duelo; no sabes dónde está, con quien está; qué anda haciendo. Te queda rezar por él. Esperarlo. Y así lo haces. Por eso cuando él regresa te alegras tanto. Te conmueves, corres, te echas al cuello de tu hijo, lo besas. Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. 

Tu corazón primero que nada se entristece cuando tu hijo menor te pide la parte de su herencia. El padre normalmente hereda cuando ya no está con ellos. Tú, sin embargo, no recriminas; no te enfadas, no te molestas. Te duele el corazón, te preocupa que este hijo tuyo quiera irse de tu casa donde goza de todo lo que necesita y más. Sin embargo, le has dado una libertad, le dejas que tome su camino como así él lo desea. No parece que haya una discusión con él, no le preguntas a dónde se va, con quien va. El hijo se va a un país lejano.

 No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. 

 Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. 

Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

 Vives esta pérdida, este duelo; no sabes dónde está, con quien está; qué anda haciendo. Te queda rezar por él. Esperarlo. Y así lo haces. Por eso cuando él regresa te alegras tanto. Te conmueves, corres, te echas al cuello de tu hijo, lo besas.

 Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. 

 Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

 Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. 

Y luego haces una fiesta, consideras que tu hijo ha vuelto a la vida, porque has vuelto a encontrar a tu hijo.

 Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

 Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.

 Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 

También a él lo escuchas con paciencia, dejas que se desahogue; te juzga, te regaña porque eres bueno y misericordioso con tu hijo menor. Se niega a entrar al festejo, a alegrarse de que acojas y perdones.

 Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. 

 El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Te pido, Padre amoroso, que también me des a mí un corazón misericordioso como el tuyo que acoge, perdona, no juzga; espera, ora por todos, que hace fiesta cuando alguien vuelve a ti y te pide perdón.


 El padre bondadoso, delante del hijo que tanto se equivocó, pero que está volviendo a casa, no se resiste y lo acoge conmovido y le devuelve toda la dignidad de antes, sin castigarlo, sin reprenderlo, sin imponer condiciones. Dios es así. No debemos ni podemos tener miedo de Él. Por mayor que haya sido nuestro pecado, Él quiere perdonarnos, quiere recuperarnos. Sin dudas, podemos confiar en el amor de Dios y volver a Él. Paz y bien.

EL AMOR DE DIOS CON NOSOTROS

del santo evangelio según san Juan 5, 31-47 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.


“ El amor de Dios en vosotros. ”



Palabras duras de Jesús en este Evangelio. Encontramos a Jesús hablando muy fuerte a los judíos. No han entendido quien es El, ni lo que dice y sobre todo lo que hace. Sus obras son las que atestiguan el Reino que está implantando. Pero los judíos no están entendiendo la novedad de Reino. No entienden algo fundamental: que El, Jesús, está actuando, dejando actuar a Dios a través de Él.

 ¿Cómo leemos y profundizamos nosotros la Palabra? A veces de forma rutinaria, sin entender, sin estudiar con otros, en grupo para poder tener una interpretación lo más acertada posible con ayuda de todos. La Palabra no es lo que está en el libro. La Palabra tiene que ser VIDA en nosotras, para que esa Palabra actúe, nos interpele y nos empuje a actuar. 

 Puede suceder que a veces, actuamos por nuestra cuenta, queriéndonos adjudicar méritos sin dejar actuar a Dios en nosotros y nosotras. Y haciéndolo así, no estamos dejando que se vea la actuación de Dios. No estamos dejando crecer el Reino 

 El Amor de Dios, que está en toda persona, ha de ser siempre motor de nuestras actuaciones, de nuestras palabras, de nuestras intervenciones en el vivir de cada día. Y para que eso sea así, no nos podemos despistar.


"Mis obras dan testimonio de que el Padre me ha enviado". En el momento de la Cruz, el enviado será objeto de burla. Pues he aquí "la obra "que autentifica su misión: una vida entregada hasta el final. 

La Cruz derriba los pedestales de los falsos dioses.  Dios tendrá para siempre el rostro de un crucificado, expulsado fuera de las murallas de la ciudad, injustamente condenado.

Una cruz plantada en el corazón del mundo. Los que la miran quedan salvados. No te canses de mirarlo en la cruz.

miércoles, 2 de abril de 2025

TOMA TU CAMILLA Y ANDA

 Lectura del santo Evangelio según Jn (5, 1-16) 

 Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda.



Al momento aquel hombre quedó sano


Jesús atraviesa los soportales de la piscina probática y con ese gesto atraviesa también la distancia que abisma el sufrimiento humano. El, que se ha hecho en todo semejante al hombre menos en el pecado, ilumina con su Palabra la vida hasta rehacerla con una fuerza tal que el pobre desvalido ni siquiera tiene necesidad de sumergirse en el agua que agitaba el Espíritu. 

Pero Jesús pasó:¿Quieres quedar sano? Y el hombre paralítico desde hace 38 años, encadenado a su pasado de desdicha, se pone en pie. Así es Dios, cuando da el agua de la vida, el viejo mundo desaparece.

 En cambio, los judíos que se quedan anclados en el sábado como día inapropiado para la curación están paralizados en su ritualismo vacío. Ese inmovilismo les impide dejarse hacer por el Espíritu y sospechar de inmediato de todo aquello que se extralimite de su entendimiento. 

Para Jesús, la fiesta es precisamente eso: sanar las dolencias, curar las enfermedades, ayudar al que lo necesita, hacer el bien a todos.

NOSOTROS



La sanación que trae Jesús es integral, pero sólo puede quedar sano quien está dispuesto a dejarse mover en un encuentro vivificador con el Señor.

Levántate, toma tu camilla y camina”. Ese hombre, tendido en el suelo, enfermo, limitado, frágil y necesitado, eres tú y soy yo. Y ese otro Hombre que pasa a tu lado y se te acerca, te levanta y te hace caminar es Jesús.

Nosotros como este paralítico somos una creación nueva. Dios ha hecho que brotase del costado de su Amado Hijo sangre y agua, río de vida que purifica todo cuando penetra. Nuestra vida reverdece cuando el espíritu nos inunda. Hemos sido bautizados en la muerte y resurrección de Jesús y pertenecemos a una tierra liberada. Nos ha hecho atravesar el mar y nos ha sumergido en el río de la vida. Pertenecemos al nuevo mundo.



20 AÑOS DE LA MUERTE DE JUAN PABLO II

La muerte de Juan Pablo II desencadenó que millones de peregrinos acudieran a Roma para despedir al Papa. 



El 2 de abril de 2005, a las 21.37, el corazón de Juan Pablo II dejó de latir. Fue un momento muy emocionante, más de 60.000 personas estaban reunidas en la plaza de San Pedro rezando durante la agonía del Papa polaco.

 El Papa Juan Pablo II falleció en la ciudad de Vaticano a raíz de una septicemia y un colapso cardiopulmonar irreversible, agravado por la enfermedad de Parkinson que padecía por años.




Karol Wojtyla fue el primer polaco en llegar a ser la máxima autoridad de la Iglesia Católica, asumiendo un pontificado de 26 años (1978-2005), que se transformó en el tercero más largo de la historia, tras San Pedro y Pío IX.

Hoy muere Juan Pablo II, Juan Pablo II, Papa Juan Pablo II muere hoy en el Vaticano



https://youtu.be/mwYGus0bo1Q?si=GHioTvpVLSzaepxa



martes, 1 de abril de 2025

TOMA TU CAMILLA Y VETE A CASA


santo evangelio según san Juan (5,1-16): 


SE celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».


 "Levántate, toma tu camilla y echa a andar"






El Señor vuelve a mostrarnos hoy toda su misericordia. Su compasión para con nosotros no tiene fin: resucita, pura, acepta, perdona. Jesús sana; y lo hace tanto con el cuerpo como con el alma. Sí, el paralítico vuelve a andar, pero antes le ha perdonado sus pecados.

Se arrastraban hasta allí cantidad de lisiados y multitud de mendigos. Se juntaban al borde de la piscina, y cada uno sobrevivía esperando poder algún día meterse en el agua al ser agitada. Imagen de una humanidad que sobrevive en la espera siempre frustrada de una salud aleatoria. El agua de Betesda era estéril, no podría producir un nuevo nacimiento.

 Jesús es el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas. 
Pero Jesús pasó:¿Quieres quedar sano? Y el hombre paralítico desde hace 38 años, encadenado a su pasado de desdicha, se pone en pie. Así es Dios, cuando da el agua de la vida, el viejo mundo desaparece.

Vemos como la misericordia de Dios va mucho más allá de la nuestra: como añadido al perdón le devuelve la salud, y así, el gozo del pecador convertido es completo. Confiemos humilde y ciegamente en la misericordia salvadora y sanadora de Cristo, y tengamos fe en todo lo que él hace cada día en nuestras vidas.


Nosotros como este paralítico somos una creación nueva. Dios ha hecho que brotase del costado de su Amado Hijo sangre y agua, río de vida que purifica todo cuando penetra. Nuestra vida reverdece cuando el espíritu nos inunda. Hemos sido bautizados en la muerte y resurrección de Jesús y pertenecemos a una tierra liberada. Nos ha hecho atravesar el mar y nos ha sumergido en el río de la vida. Pertenecemos al nuevo mundo.