II DOMINGO DE LA NAVIDAD
DIOS ACAMPÓ ENTRE NOSOTROS
No vino con truenos ni palacios, sino con una tienda frágil, hecha de carne, silencio y latidos humanos. Eligió el polvo del camino en lugar del trono, el murmullo de una madre en vez del aplauso del poder.
Puso su morada en lo pequeño, en lo que tiembla, en lo que ama. Dios acampa donde hay hambre de sentido, donde una lágrima cae sin testigos, donde alguien espera sin saber por qué.
Allí planta su tienda y se queda. No es un Dios lejano: comparte el frío de nuestras noches, el cansancio de nuestras manos, la esperanza torpe que insiste en vivir.
Camina con nosotros, come nuestro pan, respira nuestras preguntas. Y cuando creemos estar solos, su tienda sigue en pie, discreta pero firme, recordándonos que lo divino no huye de lo humano, sino que lo habita.
Feliz 2⁰ domingo de Navidad
D
Y antes que hombre, un chiquirritín indefenso que tiembla. Ahí está tu salvación. El Verbo se ha hecho carne para salvarte, para pagar la deuda que habías contraído con tu pecado. Envuelto en pañales, tiritando en la noche de paz, se acuna nuestra salvación. Bendito sea Dios.
L
“te vi”. Ya San Agustín acertó cuando explicaba: “En Dios, mirar es amar”. Te vi a ti en concreto, a tus sentimientos, tus ilusiones, tus proyectos, tus dudas, tus luces, tus sombras, tus búsquedas, tus fracasos, tus intentos, tus logros, tus relaciones…. Te vi a ti en concreto, te amé a ti en concreto, y te elegí como compañero, amigo y colaborador a ti en concreto.
M
Necesitamos la conversión de corazón, tener fe en Jesucristo, amarnos unos a otros como El nos amo.
Este proceso de conversión durará toda la vida y nos llevará a experimentar la plenitud del amor de Dios. Por ello esta invitación a convertirnos es siempre válida y actual. No importa en qué estado de conversión te encuentres… siempre podremos responder con mayor generosidad a Dios. Pero sin olvidar lo que el Señor les dirá a los discípulos: “Sin Mí no podéis hacer nada”. Pero con Él y con la ayuda de su gracia, lo podemos todo. ¡Animo! No dejes para mañana lo que puedas empezar hoy. ¡Animo!
J
¡Cuántas veces no somos de estos discípulos que van al Señor a decirle lo que tiene que hacer! Hoy El Señor nos sigue invitando a implicarnos, a ponernos en movimiento, a no permanecer indiferentes ante la situación de sus hermanos, aquellos que sufren o se pierden por no tener quién les hable de Dios. Podemos y debemos ayudarlos con lo que somos y tenemos. ¡Señor Jesús, Pan para la vida del mundo! Enséñanos a descubrir siempre tu presencia y tu accionar en todos los acontecimientos pequeños y grandes de nuestra vida.
V
Por eso, una y otra vez el mismo Jesús viene a nuestro encuentro, para que podamos seguir remando. Lo hace en su Palabra, en los sacramentos, en la oración personal, en la presencia de los otros… Basta con abrir el corazón, para que Él lo ocupe. ¿Te atreves?
S
"Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír". Jesús es la respuesta de Dios a tantas preguntas, el final de tantos caminos, la realización de tantos sueños. Jesús es el "hoy", el "ya", el "si" pleno de Dios. No hay que seguir esperando. Aquí está, por fin, el libertador ¡Que Buena Noticia!
DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA
DÍA DE LA SAGRADA FAMILIA
En familia, Dios, quiso nacer En familia, Dios, comenzó a llorar En familia, Dios, acogió al pobre y al rico En familia, Jesús, se dejó iluminar por una estrella En familia, Jesús, reconoció a un nombre: MARIA
En familia, un Niño, respetó a un hombre: JOSÉ En familia, el Dios con nosotros, se inició en el valor de la fe. En familia, Jesús, recibió agasajos de humildes y regios En familia, Jesús, supo lo que fue huir En familia, Jesús, recibió aliento
En familia, Jesús, aprendió a vivir. En familia, Jesús, sufrió el desprecio de los que no supieron verle ni esperarle En familia, Jesús, vio a los pastores cuerpo a tierra y lágrimas en los ojos En familia, Jesús, contempló a tres reyes con abundancia de oro, incienso y mirra ofreciéndole. En familia, Jesús, habló y guardó silencio
En familia, Jesús, fue perdido y encontrado En familia, jugaba, rezaba y cantaba y, en familia, sufrió la incomprensión de algunos de los que le rodeaban En familia…¡sí en familia! ¡En familia Jesús fue hijo! ¡En familia, Jesús, fue Niño ¡En familia, Jesús, fue joven! ¡En familia, Jesús, aprendió a ser adulto! ¡En familia, Jesús, aprendió a mirar a los cielos! Amén.
D
Los hombres y mujeres siempre necesitaremos de un hogar en donde podamos crecer como personas. El mismo Hijo de Dios nació y creció en saber y madurez, en el favor de Dios y de los hombres, en el seno de una familia” (F. Ulibarri).
L
Si tuviéramos la fe de Simeón nos llenaríamos de asombro, caeríamos de bruces ante esa “enormidad”. Y nos quedaríamos un buen rato “adorando” “amando” “alabando” “agradeciendo”.
M
Ana ve al Niño Jesús. Así, con mirada de fe, contempla a un niño en los brazos de su madre y descubre en el al Salvador del mundo. De este modo la vejez de la mujer aparece como sinónimo de experiencia, del camino recorrido, de la capacidad de distinguir lo trascendente de lo efímero. ¡Qué importante y necesaria esa mirada hoy!
Sin embargo, hay que destacar que Ana no se queda sólo con una mirada de fe, pues se vuelve testigo que anuncia: ¡Sí, es verdad, Dios cumple sus promesas!
X
Esto es lo que podemos pedir a Jesús para Navidad: la gracia de la pequeñez. “Señor, enséñanos a amar la pequeñez. Ayúdanos a comprender que es el camino para la verdadera grandeza”.
Estás palabras las escuchamos todos los días. Las repite el sacerdote antes de la Comunión y no nos asusta la grandeza, que encierra, este Misterio de Amor.
Estamos acostumbrado pero no sabemos qué estamos llamados a hacerlas vida.
El Cordero, el Enviado, el Mesías esta entre nosotros quiere decir que Dios ha venido para quedarse para siempre.
a la grandeza que encierra este Gan Misterio.
NOCHEBUENA
ANTE EL PORTAL Quisiera ser un ángel, para pregonar la presencia del Niño en Belén. Quisiera ser, una y otra vez, pastor para sentirme rico y ofrecer lo poco que tengo al que es, tanto y tan poco, en Belén.
Quisiera ser Rey Mago, y dejar los reinos de mi seguridad llevando oro para Aquel que es Rey incienso para Aquel que es Dios y mirra para Aquel que es hombre. Quisiera ser Rey Mago para observando a María no marcharme sin mirar al Hijo de Dios.
Quisiera ser estrella y alumbrar a los hombres al encuentro con Jesús Quisiera ser José para, con mano firme y sólida, no perder al Dios Enmanuel. Quisiera ser portal, para que, hoy y mañana, el año que viene y siempre Dios se dignase nacer en mí.
Quisiera ser cuna de Jesús para, como María, tener su mismo privilegio: mirarle, contemplarle, cuidarle y hacerle el centro de mi vida. Amén
NAVIDAD
En esta ciudad de Pamplona y en este mundo, cargado todo de piedra y de historia, debilidad y grandeza, orgullo y humildad, fuerza y fracaso; todo penetrado todo por el frío y también por el calor del fuego. Esta noche no celebramos sólo una fecha. Hoy miramos a la luz. Una luz pequeña, frágil y casi invisible y por eso mismo imparable.
La Navidad no hace en palacios ni tampoco en rincones por miedo a la gente que vive de espaldas al Misterio. La Navidad nace en la noche incluso cuando el miedo aprieta, las puertas se cierran o el odio grita, cuando parece que Dios...guarda silencio.
Pero DIOS no calla, aunque algunos les cueste callar un poco en estos días; Dios se hace niño, carne, cercano. Allá, en una iglesia encendida por las velas, entre piedras y bóvedas que nos hablan del cielo se adentrarán los corazones cansados para escuchar una verdad incómoda: el odio no es más fuerte que el amor y las ideologías no podrán nunca suplantar el deseo de ser hermanos y no adversarios.
El odio divide y el amor reúne El odio señala y el amor abraza El odio mata y el amor salva ¿Qué es Navidad? Es el grito de Dios diciéndonos que no tengamos miedo, que no estamos solos y que todavía existe la esperanza.
Todo esto no se puede quedar en los altares (qué más quisieran algunos); hemos de salir a las calles, atravesar con este mensaje nuestras casas y curar por tanto nuestras heridas cuando algunos se empeñan en reabrirlas.
Que Pamplona, tu pueblo y tuV ciudad, tu casa o tu familia, tu trabajo o tus amigos, tu alma o tu entraña no sea algo inerte y sin vida, que sea una esperanza viva. Mientras haya una luz en cada corazón, un cristiano en cada edificio, pueblo o ciudad DIOS siempre se las ingeniará para recordarnos que sigue naciendo. ¡FELIZ NAVIDAD!
J
Esto es lo que podemos pedir a Jesús para Navidad: la gracia de la pequeñez. “Señor, enséñanos a amar la pequeñez. Ayúdanos a comprender que es el camino para la verdadera grandeza”.
V
Fue lo que le sucedió a San Esteban, el primer mártir cristiano. Por seguir y predicar lo mismo que su maestro Jesús, le sucedió lo mismo que a él, y le mataron lo mismo que él… y su final fue el mismo que el de Jesús, resucitando a una vida nueva de total felicidad. Jesús nos invita a perseverar con él hasta el final.
S
Esto nos interpela a nosotros, nos llama a abrirnos al Dios que se revela en lo pequeño: en la encarnación, en el pesebre, en el taller del carpintero, en aquel joven rabino sin estudios, en el Crucificado y en aquellas pobrezas y pequeñeces que cada uno conoce.
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