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sábado, 16 de mayo de 2026

ORACIONES DE LA MAÑANA DEL 4ª,5ªy 6ª DOMINGO DE PASCUA

 VI DOMINGO


ENSEÑAME, SEÑOR, A GUARDAR

 Tus mandamientos, para que otros no me impongan sus ideas Tus preceptos, para que nadie me cambie el sentido de las cosas

 Tus Palabras, para que no me confundan otras totalmente vacías Tus obras, para que no me seduzcan los que hablan y no hacen nada 

Tus consejos, para que sepa distinguir el camino cierto del equivocado Tu mirada, para que cuente hasta diez, antes de abandonar el sendero de la fe 

Tu Eucaristía, para que sienta cómo desciende la fuerza del Espíritu Santo Tu Ley, para que sepa diferenciarla de aquellas otras leyes caprichosas y falsas 

Tu esperanza, para que no puedan más en mí, las dificultades que mi afán de dar a conocerte Tu iglesia, para que cuando vuelvas, la encuentres guardando con respeto, vida y veneración la gran joya de tus mandamientos. 

 Amén.


Eres amor, amo a mis hermanos tus hijos, cumpliendo tus mandamientos como elegida por Ti procuro evangelizar. 

Dios mismo viene en nuestra ayuda, contamos con la presencia viva del Espíritu que conforta, alienta, anima a no desanimarnos ante las contrariedades, a hacernos fuertes ante las adversidades e incluso a alegrarnos por poder dar la cara por el Señor y el Evangelio.

Este es el amor que llena de gozo nuestras vidas; este es el amor que llena de presencia nuestras ausencias sentidas; este es el amor con el cual construimos fraternidad y edificamos la Iglesia. ¡Ven, oh Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!

Necesitamos pedir con frecuencia al Espíritu Santo: para confesar a Cristo, para ser miembros activos de una iglesia evangelizadora, para poder orar, para luchar contra el pecado, para vivir como hijos de Dios, para poder transparentar a Cristo en nuestras vidas, para capacitarnos para amar y poder dar testimonio de Él. ¡Ven, Espíritu Santo!

Es imposible encontrar a un cristiano sin amor como no es posible encontrar a un ser humano sin pulso. Lo dice muy bien San Juan; “El que no ama está muerto” (1Jn. 3,14). Y la religión de Jesús no es religión de muertos sino de vivos.

Dios  no es masoquista que disfrute con el sufrimiento, pero sin embargo, si sabe iluminar nuestros sufrimientos, y nos da la fuerza para que se puedan convertir en medicina de nuestras heridas, no nos deja solos en ningún momento por el que podamos estar pasando, se nos hace compañero de camino y nos ayuda a que se puedan convertir en gracia y bendición. Nunca se alía con el mal, aunque del mal pueda sacar bien.
Y esto no es un sueño, una ingenuidad, un vano deseo. Todo esto es verdad. Me lo acaba de decir Jesús: EL MISMO PADRE OS AMA.



V DOMINGO  DE PASCUA





¡TE QUIERO, PORQUE ME HACES FALTA!
 Sí, Jesús; Hace mucho tiempo que me abandoné y hasta me perdí por caminos aparentemente llanos, y, al recorrerlos, me di cuenta que eran inciertos, inseguros y con final oscuro. Miré, y comprobé que caminabas a mi lado. 
 ¡Gracias, Señor! Un buen día, comencé a creerme lo que, a mí mismo, me decía, olvidé tus Palabras, dejé de escucharlas. Me interesaban aquellas otras rojas y blancas verdes y amarillas que se sostenían en el altavoz del escaparate del engaño. 
Afiné mi oído, Señor, y quedé desnudo ante la VERDAD de tu persona. Eres amor que no engaña Eres amigo que no falla. Miré, y comprobé, que mi vida era una gran mentira
 No sé cómo ni cuando, pero una tarde pensé en la vida y en la muerte, reflexioné sobre la muerte y la vida, y, al mirarme a mí mismo, comencé a sentir llagas de preocupación heridas de sufrimiento cicatrices de dolores y de debilidad. 
Levanté mis ojos a tu cruz, Señor, y me quedé asombrado de la VIDA de tu VIDA de la fuerza de tu VIDA del amor de tu VIDA.
 Por eso, Señor, no puedo menos en este día que decirte y pregonar a los cuatro vientos: TÚ, SI QUE ERES CAMINO, VERDAD Y VIDA. 

Y, ¿sabes, Señor? En mi camino, mi verdad y mi vida, siempre me haces falta. Amén

En realidad, te la está dirigiendo a ti: hace tanto que está contigo, ¿y todavía no lo conoces? Conocerlo de amarlo, de sentirse en intimidad con el Jesús sacramentado en el sagrario que se da a nosotros en la eucaristía.

Todos vosotros, en efecto, oís las palabras del que os habla, pero no todos percibís de igual modo lo que significan… El Espíritu Santo es el gran artífice de las transformaciones en nosotros”.

En el Evangelio de hoy el Señor nos ofrece la PAZ. La paz a la que se refiere es el resultado de una unión íntima con Él. Es un fruto de la presencia del Espíritu Santo en nuestras almas, y que hay que pedir en la oración humilde.

Estamos invitados a vivir nuestra vocación de amor, para el amor y en el seguimiento a quien tanto nos ama.

Te invito a que abras tu corazón al amor incondicional de Dios, que es el Espíritu Santo, y sentirás ese torrente de amor que invadirá todo tu ser. Entonces sabrás lo que es la alegría del cristiano, y la podrás repartir a raudales con todos. De eso se trata el mandato de Jesús. Créeme, el amor es contagioso.



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