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domingo, 14 de junio de 2026

ASCENSION, DOMINGO VII, VIII, IX Y X

 DOMINGO X CORPUS CRHISTI





 En esta festividad del Corpus Christi, no solamente celebramos la Eucaristía; al salir Jesús, en custodia, por las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades, estamos expresando algo tan importante como que, su sacrificio, es para la salvación del mundo entero. ¿Lo sentimos así? ¿Somos custodias vivas en medio de un mundo que, desgraciadamente, silencia a Dios? 

 La procesión del Corpus no sólo es aquella que se inicia una vez al año desde la más histórica catedral o desde la más sencilla iglesia. La procesión del Corpus, la auténtica, la verdadera, es la que día a día se manifiesta públicamente y a todas las horas con fe y testimonio de Jesucristo. ¿Cómo? ¿Dónde? Con la vida corriente de un cristiano y allá donde el cristiano se desenvuelve. 

Hoy, al contemplar la custodia, por supuesto que experimentamos una fuerza interior. Algo que nos llena y que nos hace vivir, muy de cerca y con verdad, la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Pero ¿y luego? A continuación, esa emoción, se ha de convertir en hechos. Si Jesús va por delante y nos espera en los “galileas de hoy”, no podemos conformarnos con alfombrar calles y balcones. O mejor dicho; si que hemos de alfombrar pero, sobre todo, las almas, los corazones, las instituciones, la familia, la educación, los valores y tantas otras cosas que están necesitadas de un “toque de Dios”. 

El Corpus, en ese sentido, nos puede venir muy bien para impregnar, no sólo con aroma de incienso, y sí con una intensa vida cristiana nuestro existir y, por lo tanto, la realidad que nos rodea. ¿Lo haremos? ¿Nos comprometemos en más propuestas de fraternidad, a la caridad, en el amor sin farsa y sin tregua? -Que el pan de la vida, en medio de tantas mesas vacías y necesitadas, sea hoy también una llamada a dar algo de nosotros. 
 -Que el pan de la vida, que es el Cuerpo de Jesucristo, sea para nosotros aquel Memorial del que mucho nos amó y mucho nos dio. 
 -Que el pan de la vida nos haga decir aquello que nuestros mártires proclamaban “sin el domingo no podemos vivir”.
 -Que el pan de la vida, ante tanto pan sucedáneo, sea una llamada a buscar la autenticidad, los bienes que merecen la pena.

 El Señor nos precede en los caminos de la vida. Si le comulgamos, en este día del Corpus, hemos de implicarnos en aquello que fue su deseo: “Id al mundo entero y predicad el evangelio”

Nos toca ser luz en el camino. No somos la luz, pero en nuestras manos, la llevamos . No somos la sal, pero con nuestras  obras, posemos salvar muchas situaciones de la vida.

Señor, ayúdame a ser agente de reconciliación fraterna, comenzando con mis propias relaciones, para que pueda ofrecerme yo mismo como hostia viva agradable a Ti.

La fiesta del corazón de Jesús tiene pleno sentido dejándonos llenar del infinito amor que Dios nos tiene y dándolo a los demás con un servicio desinteresado a los más pobres.

Hoy es sábado, día de especial consagración a la Santísima Virgen, aprendamos en la escuela de María y digámosle: ¡Llévanos a Jesús, llévanos hasta las profundidades de su Corazón adorable! ¡Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros!


DOMINGO DE LA  SANTISIMA TRINIDAD




En un mundo donde todos opinan, pero pocos escuchan; donde abundan los seguidores, pero faltan los hermanos; donde se presume de libertad, pero se vive preso del propio ego, ven a sacudirnos. 
Padre, líbranos de creer que somos el centro del universo. Recuérdanos que la vida es un regalo y que nadie se salva solo. 
Hijo, rompe nuestros prejuicios, derriba las trincheras en las que nos escondemos y enséñanos a mirar al que piensa distinto como Tú mirabas a cada persona: con verdad y con misericordia. 

Espíritu Santo, incendia nuestra comodidad. No permitas que nos acostumbremos a las divisiones, a los odios ni a las indiferencias. 
Haznos constructores de puentes en una sociedad experta en levantar muros. Trinidad Santa, Tú no eres un Dios solitario, eres una eterna corriente de amor. 
Y nosotros, creados a tu imagen, no hemos nacido para competir, ni para encerrarnos en nosotros mismos, ni para vivir pegados a una pantalla. Hemos nacido para amar. Que nuestras familias sean menos hotel y más hogar. 

Que nuestras parroquias sean menos despacho y más familia. Que nuestros corazones sean menos fortaleza y más puerta abierta.
 Y si alguna vez pensamos que la fe consiste sólo en rezar, recuérdanos que creer en la Trinidad es atreverse a vivir unidos en un mundo empeñado en separarnos. 
Padre, Hijo y Espíritu Santo, haz de nosotros una pequeña imagen de vuestro amor, para que quien nos vea pueda creer que todavía es posible la fraternidad. Amén

GLORIA, A LA TRINIDAD!
 Porque el Padre nos creó  Porque, el Hijo, nos redimió  Porque, el Espíritu Santo, se nos derramó
 Porque, con la Trinidad, estamos llamados a la unidad ¡Gloria, a la Trinidad!

En el caso de la parábola, no se limita a matar a los empleados sino que va más lejos y llega a matar al hijo del dueño de la viña. Y esa parábola se cumplió en Jesús.

Y yo ¿de quién soy imagen? Teóricamente yo sé que fui hecho a imagen y semejanza de Dios. Pero, en la práctica, ¿caigo en la cuenta de lo que esto significa? ¿Me doy cuenta de que el ser imagen de Dios es mi mejor carnet de identidad, mi A.D.N.

“Señor, tú eres el Dios vivo y el Dios de la alianza de la vida y del amor leal. Guárdanos en tu amor y guarda la promesa de vida que nos has dado por medio de tu Hijo Jesucristo” (Oración colecta).


El Señor vino para hacerse pobre y esclavo de todos, y así mostrar su grandeza; para con su gesto comprar para nosotros la libertad que no puede restringirse con cadenas: la libertad de sabernos amados por un Dios que se ofrece a sí mismo por nosotros y por nuestra salvación.



PENTECOSTES



Pentecostés es la fiesta del viento de Dios que vuelve a levantar lo que estaba caído.
 Es la llamada a despertar cuando la vida se nos ha llenado de cansancio y rutina. Porque hay personas que siguen adelante… pero hace tiempo que dejaron de vivir por dentro. 

El Espíritu Santo no viene a adormecernos, sino a encendernos de nuevo. A recordarnos que hemos nacido para mucho más que sobrevivir. 
Que no estamos hechos para caminar apagados, tristes o resignados. El mundo ofrece muchos vientos que parecen fuertes y atractivos.
 El éxito rápido, la comodidad fácil, el placer inmediato, la apariencia perfecta. Pero tantas veces ese cierzo termina dejando el alma helada y el corazón vacío. 
Son dioses de hojalata: brillan un instante, pero no sostienen la vida. Prometen felicidad y dejan soledad. Prometen libertad y acaban esclavizando por dentro. 

La brisa de Dios es distinta. No hace tanto ruido, pero sostiene. No deslumbra, pero da paz. No arrastra, pero levanta. El Espíritu Santo nos devuelve el entusiasmo, la valentía y la esperanza. Nos enseña a empezar de nuevo cuando todo parece perdido. Nos recuerda que Dios no abandona nunca al hombre cansado.


Siempre estamos a tiempo para revisar nuestra vida y acercarnos más a Jesucristo. Estos tiempos y todo tiempo nos permiten —por medio de la oración y de los sacramentos— averiguar si entre los discípulos que Él busca estamos nosotros, y veremos también cuál ha de ser nuestra respuesta a esta llamada.

«el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir «, el seguidor del Señor tiene que hacer de su vida la máxima que decía S. Ignacio: «en todo amar y servir». El cristiano tiene que vivir para servir y no servir para vivir. Tiene por amor y como respuesta al amado, hacer de su vida una entrega. Lo verdaderamente importante es ser del Señor.

Señor, en este día de la fiesta de Cristo Sacerdote, quiero pedirte que des al mundo sacerdotes que se parezcan a ti, Buen Pastor. Sacerdotes que pisen en las huellas que Tú dejaste; sacerdotes que no busquen su gloria sino la tuya; sacerdotes que “vayan delante de las ovejas” 

No hay en mí ningún avance ni progreso. Para la gente soy buena persona, incluso me piden oraciones porque creen que estoy más cerca de Ti. Pero yo no estoy conforme conmigo mismo. Ni me gusta la vida que llevo. Quiero cambiar, necesito cambiar. Dame tu gracia para que te siga a Ti solo y a nadie más.

Tú no entiendes la autoridad como un camino de ascenso sino de descenso: bajas en el bautismo a las aguas del Jordán para meterte en el rio de nuestra historia, y así purificarnos de nuestros egoísmos y vanidades y elevarnos a la categoría de hijos de Dios.


ASCENSION 


La Ascensión de Cristo no es un espectáculo para mirar desde abajo, ni un recuerdo bonito para admirar desde lejos. 
La Ascensión es una llamada a seguir caminando. Cristo no asciende para desentenderse del mundo, sino para empujarnos a levantar la mirada y vivir de otra manera. El mundo fabrica admiradores, seguidores dóciles, personas clonadas que piensan igual, sienten igual y viven dormidas. 
Cristo, en cambio, no busca admiradores pasivos. Busca hombres y mujeres de vuelos altos, pero con los pies bien clavados en la tierra.
 Personas despiertas. Espabiladas. Con el corazón encendido y las manos trabajando. Porque la Ascensión nos recuerda que ahora nosotros somos sus manos para acariciar, ayudar y levantar al que cae. 
Somos sus pies para acercarnos al que está solo, para caminar hacia el necesitado y no pasar de largo. Somos su corazón para amar sin medida, perdonar sin cansancio y sembrar esperanza donde otros sólo ponen indiferencia.
 
Cristo asciende… pero no nos deja mirando al cielo con los brazos cruzados. Nos deja una misión. Vivir con el alma mirando arriba, pero con la vida entregada aquí abajo. 

Su Palabra debe de ser donde radique nuestra fuerza. En los momentos de duda, de dolor, de adversidad, cuando tengamos que atravesar las mayores tribulaciones, que indudablemente sobrevendrán, tengamos en cuenta estas palabras del Señor para renovarnos en la esperanza y seguir adelante. Todo es posible con Él.

Dando gracias a Dios por el amor tan grande que nos tiene. Enviando a Jesús al mundo, el Padre nos ha revelado su cercanía y su amor. “Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor” (Benedicto XVI, Deus caritas est, n.17).

¿Cómo podría yo soñar que me ibas a introducir en tu propia vida trinitaria? ¿Cómo me podría imaginar que me ibas a comunicar tu misma verdad, tu misma alegría, tu propia e íntima unidad? Hoy no necesito palabras sino silencio. Un silencio ancho, profundo y prolongado, agradecido.

Por eso Jesús ha rezado al Padre para que esto se pueda cumplir. Cuando el mismo amor de Dios “manifestado a través de su Espíritu” venga a nosotros e inunde nuestros corazones, podremos convertir “el desierto en vergel”, “la tierra en cielo”, y “el infierno en paraíso”. Es el milagro del amor.

Señor, el tema de mi oración en este día, basado en tu evangelio, me llena de satisfacción porque es tu tema, tu gran tema, el tema del amor. Y yo quiero darte gracias porque has puesto el amor como fundamento del cristianismo

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