3ª DOMINGO DE PASCUA
Caminar con Él y detrás de Él, tratando de poner en práctica su mandamiento, el que dio a los discípulos precisamente en la última Cena: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros
2º DOMINGO
SEÑOR MIO Y DIOS MIO
Como Tomás, con resistencias, pero creo en Ti Como Tomás, con interrogantes, pero espero en Ti Como Tomás, exijo pruebas y certezas Como Tomás, no me fío de lo que me dicen de Ti.
SEÑOR MÍO Y DIOS MIO Como Tomás, también tengo temor a seguirte Como Tomás, asegurarme de que estás vivo Como Tomás, quisiera meter mis dedos en los agujeros de tus clavos
Como Tomás, quisiera que, apartases el sayal, y me dejases contemplar aquellos otros agujeros que otros clavos en tus pies dejaron. ¿Me dejas, Señor? Quiero creer, pero soy incrédulo Quiero seguirte, y me desvío de tus caminos
Eres Resurrección, y sigo empeñado en las horas de muerte Eres vida, y busco noches oscuras que conducen al desazón
SEÑOR MÍO Y DIOS MIO Pero, al final, también quiero ser como Tomás: Creyente, entusiasta de tu Palabra enamorado y difusor de tu Reino Y que, por encima de todo, en lo bueno y en lo malo nunca deje de exclamar:
¡SEÑOR MÍO Y DIOS MIO! Amén
Y, como Santo Tomás, nos gustaría meter nuestras manos en su costado. Hurgar en los orificios que dejaron los clavos para, a continuación, salir corriendo y llevar la buena noticia de que Jesús no sólo murió sino que, además, sigue tan vivo como el primer día: ¡Ha resucitado el Señor!
Nicodemo calla y otorga. Reaparecerá al final del Evangelio cargando los pies de Cristo camino del sepulcro. Es probable que, para entonces, ya habría entendido lo de nacer de agua y de Espíritu, ¿no crees?.
«Si no creéis…» que desdichados somos. Sin embargo, termina recordándonos que todo el que cree en Él -Jesucristo, el Señor- tiene vida eterna.
Podemos detenernos un poquitín en todos los beneficios y ventajas que nos reporta vivir descansando en el Señor y confiando en Él.
Si alguien le pregunta a JUAN qué debemos hacer los cristianos, contesta: “Amaos unos a otros como Jesús nos ha amado”. El evangelio de Juan sólo puede leerse de rodillas, en silencio y con ojos de enamorado.
Somos testigos de lo que Dios ofrece graciosamente a los hombres en su Hijo, por eso nuestra fe no consiste solo en afirmar que Jesús es el Cristo, sino en aceptar ser hijo de Dios en Él y vivir como tales.
VIGILIA PASCUA
La noche parecía definitiva. El silencio del sepulcro pesaba como una losa sobre el mundo… y, sin embargo, en lo más hondo, Dios ya estaba obrando.
Al amanecer, la piedra había sido removida. La muerte, vencida en silencio.
La oscuridad, atravesada por una luz nueva, suave y poderosa. Cristo vive. Y con Él, todo comienza de nuevo. Hoy la vida se abre paso donde parecía imposible, la esperanza florece donde solo había lágrimas, y el corazón aprende, poco a poco, a mirar hacia arriba.
Porque la Resurrección no es solo un hecho… es un camino que se nos regala: levantarse, creer, volver a amar, volver a empezar.
Que esta Pascua te encuentre en ese amanecer, dejando atrás tus noches, abriendo el alma a la luz, y caminando, con serenidad y alegría, hacia el cielo. Ha resucitado. Y contigo, la vida entera.
Acepta que el Señor resucitado entre en tu vida, acógelo, abrele tu corazón, confía, ¡Él es la vida! Vida en plenitud. Tiempo especial para dejarnos sorprender por Él. Gloria al Señor y Feliz Domingo de Resurrección.
Este día, Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar.
María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección.
Sólo cuando Jesús te nombra, caes en la cuenta de que está junto a ti, por muy penosas que sean las circunstancias por las que atraviesa tu vida, por muchos que sean los sinsabores.
Enseñes una cosa: la diferencia de una comunidad que todavía no se ha encontrado con el Resucitado y la comunidad que ha tenido la suerte de encontrase con El. Te pido que esta experiencia de Jesús con los de Emaús sea modelo de mi experiencia personal contigo hoy.
Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras.
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