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sábado, 10 de enero de 2026

11 DE ENERO, SAN HIGINIO


Felicidades al cielo




el papa n.º 9 de la Iglesia católica de 136 a 140.1​

La tradición afirma que instauró la figura de los padrinos en el bautismo, con el objeto de que los bautizados fuesen guiados espiritualmente.

Higinio estableció asimismo que todos los templos debían consagrarse y que para su construcción contasen con la autorización de obispo correspondiente.
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Aunque no existen fuentes históricas que los fundamenten, está considerado mártir por la Iglesia Católica, celebrándose su festividad el 11 de enero.

Fue sepultado vecino a san Pedro.

SAN PABLO DE TEBAS ERMITAÑO

 + 10 DE ENERO: SAN PABLO DE TEBAS, PRIMER ERMITAÑO +

 En la Tebaida (hoy Egipto), san Pablo, eremita, uno de los primeros en abrazar la vida monástica (s. IV). ( Martirologio Romano)



 La vida de este santo fue escrita por el gran San Jerónimo, en el año 400. 

Nació hacia el año 228, en Tebaida, una región que queda junto al río Nilo en Egipto y que tenía por capital a la ciudad de Tebas. 

Fue bien educado por sus padres, aprendió griego y bastante cultura egipcia. Pero a los 14 años quedó huérfano. Era bondadoso y muy piadoso. Y amaba enormemente a su religión.

 En el año 250 estalló la persecución de Decio, que trataba no tanto de que los cristianos llegaran a ser mártires, sino de hacerlos renegar de su religión. Pablo se vio ante estos dos peligros: o renegar de su fe y conservar sus fincas y casas, o ser atormentado con tan diabólica astucia que lo lograran acobardar y lo hicieran pasarse al paganismo con tal de no perder sus bienes y no tener que sufrir más torturas. Como veía que muchos cristianos renegaban por miedo, y él no se sentía con la suficiente fuerza de voluntad para ser capaz de sufrir toda clase de tormentos sin renunciar a sus creencias, dispuso más bien esconderse. Era prudente.



 Pero un cuñado suyo que deseaba quedarse con sus bienes, fue y lo denunció ante las autoridades. Entonces Pablo huyó al desierto. Allá encontró unas cavernas donde varios siglos atrás los esclavos de la reina Cleopatra fabricaban monedas. Escogió por vivienda una de esas cuevas, cerca de la cual había una fuente de agua y una palmera. Las hojas de la palmera le proporcionaban vestido. Sus dátiles le servían de alimento. Y la fuente de agua le calmaba la sed. 



Al principio el pensamiento de Pablo era quedarse por allí únicamente el tiempo que durará la persecución, pero luego se dio cuenta de que en la soledad del desierto podía hablar tranquilamente a Dios y escucharle tan claramente los mensajes que Él le enviaba desde el cielo, que decidió quedarse allí para siempre y no volver jamás a la ciudad donde tantos peligros había de ofender a Nuestro Señor. Se propuso ayudar al mundo no con negocios y palabras, sino con penitencias y oración por la conversión de los pecadores. 




Dice San Jerónimo que cuando la palmera no tenía dátiles, cada día venía un cuervo y le traía medio pan, y con eso vivía nuestro santo ermitaño. (La Iglesia llama ermitaño al que para su vida en una "ermita", o sea en una habitación solitaria y retirada del mundo y de otras habitaciones). 

Después de pasar allí en el desierto orando, ayunando, meditando, por más de setenta años seguidos, ya creía que moriría sin volver a ver rostro humano alguno, y sin ser conocido por nadie, cuando Dios dispuso cumplir aquella palabra que dijo Cristo: "Todo el que se humilla será engrandecido" y sucedió que en aquel desierto había otro ermitaño haciendo penitencia. Era San Antonio Abad. Y una vez a este santo le vino la tentación de creer que él era el ermitaño más antiguo que había en el mundo, y una noche oyó en sueños que le decían: "Hay otro penitente más antiguo que tú. Emprende el viaje y lo lograrás encontrar". Antonio madrugó a partir de viaje y después de caminar horas y horas llegó a la puerta de la cueva donde vivía Pablo. Este al oír ruido afuera creyó que era una fiera que se acercaba, y tapó la entrada con una piedra. Antonio llamó por muy largo rato suplicándole que moviera la piedra para poder saludarlo.




 Al fin Pablo salió y los dos santos, sin haberse visto antes nunca, se saludaron cada uno por su respectivo nombre. Luego se arrodillaron y dieron gracias a Dios. Y en ese momento llegó el cuervo trayendo un pan entero. Entonces Pablo exclamó: "Mira cómo es Dios de bueno. Cada día me manda medio pan, pero como hoy has venido tú, el Señor me envía un pan entero."

 Se pusieron a discutir quién debía partir el pan, porque este honor le correspondía al más digno. Y cada uno se creía más indigno que el otro. Al fin decidieron que lo partirían tirando cada uno de un extremo del pan. Después bajaron a la fuente y bebieron agua cristalina. Era todo el alimento que tomaban en 24 horas. Medio pan y un poco de agua. Y después de charlar de cosas espirituales, pasaron toda la noche en oración. 



A la mañana siguiente Pablo anunció a Antonio que sentía que se iba a morir y le dijo: "Vete a tu monasterio y me traes el manto que San Atanasio, el gran obispo, te regaló. Quiero que me amortajen con ese manto". San Antonio se admiró de que Pablo supiera que San Atanasio le había regalado ese manto, y se fue a traerlo. Pero temía que al volver lo pudiera encontrar ya muerto. Cuando ya venía de vuelta, contempló en una visión que el alma de Pablo subía al cielo rodeado de apóstoles y de ángeles. Y exclamó: "Pablo, Pablo, ¿por qué te fuiste sin decirme adiós?". (Después Antonio dirá a sus monjes: "Yo soy un pobre pecador, pero en el desierto conocí a uno que era tan santo como un Juan Bautista: era Pablo el ermitaño"). 

Cuando llegó a la cueva encontró el cadáver del santo, arrodillado, con los ojos mirando al cielo y los brazos en cruz. Parecía que estuviera rezando, pero al no oírle ni siquiera respirar, se acercó y vio que estaba muerto. Murió en la ocupación a la cual había dedicado la mayor parte de las horas de su vida: orar al Señor. 

Antonio se preguntaba cómo haría para cavar una sepultura allí, si no tenía herramientas. Pero de pronto oyó que se acercaban dos leones, como con muestras de tristeza y respeto, y ellos, con sus garras cavaron una tumba entre la arena y se fueron. Y allí depositó San Antonio el cadáver de su amigo Pablo.

 San Pablo murió el año 342 cuando tenía 113 años de edad y cuando llevaba 90 años orando y haciendo penitencia en el desierto por la salvación del mundo. Se le llama el primer ermitaño, por haber sido el primero que se fue a un desierto a vivir totalmente retirado del mundo, dedicado a la oración y a la meditación. 



San Antonio conservó siempre con enorme respeto la vestidura de San Pablo hecha de hojas de palmera, y él mismo se revestía con ella en las grandes festividades. 

San Jerónimo decía: "Si el Señor me pusiera a escoger, yo preferiría la pobre túnica de hojas de palmera con la cual se cubría Pablo el ermitaño, porque él era un santo, y no el lujoso manto con el cual se visten los reyes tan llenos de orgullo". 



San Pablo el ermitaño con su vida de silencio, oración y meditación en medio del desierto, ha movido a muchos a apartarse del mundo y dedicarse con más seriedad en la soledad a buscar la satisfacción y la eterna salvación.



BAUTISMO DE JESÚS

 Estamos ante una nueva manifestación de Jesús, que ha recibido la tarea de traer el amor de Dios al mundo. 

En su bautismo ya adulto, se encuentra con Juan, un hecho muy importante que nos cuentan todos los evangelistas. 

Dios presenta a su Hijo Amado, habilitado para ponerse al servicio de la humanidad, marcando sus diferencias con Juan, pues ni va al desierto solitario, ni sigue su movimiento, ni vuelve a sus trabajos, sino que su vida mesiánica va a discurrir por otros caminos manifestativos más explícitos y difíciles: va a priorizar el anuncio del evangelio, de un Dios que quiere a todos y además felices, en el mundo desierto de valores.


 EL BAUTISMO DE JESÚS

“ Apenas se bautizó Jesús, el Espíritu se posó sobre él



ELsanto evangelio según san Mateo 3, 13-17 

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». 

Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». 

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.

 Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».



viernes, 9 de enero de 2026

II DOMINGO DE NAVIDAD

SABADO

según San Lucas 4, 14-22a



“ Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres ”

Un vehículo privilegiado es la palabra. Acoplados en ella, es como nos pueden llegar adentro conceptos, estímulos, noticias que nos van iluminando el entendimiento y pueden llegar a movernos el corazón.

 En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. 

 Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. 

 Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. 

A Dios le gusta usar este instrumento para comunicarse con el hombre. A través de la Palabra, nos ha ido diciendo cómo es Él por dentro, lo que piensa y espera de nosotros. Primero usó la palabra humana de los profetas, hasta que, por fin, Él mismo ha acabado haciéndose palabra de carne y hueso. Podemos decir pues que Dios ha puesto más que sobradamente su parte en el esfuerzo por comunicarse con el hombre. No se puede pedir más cercanía.

Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». 

 Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. 

Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. 

Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.



"Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír". Jesús es la respuesta de Dios a tantas preguntas, el final de tantos caminos, la realización de tantos sueños. Jesús es el "hoy", el "ya", el "si" pleno de Dios. No hay que seguir esperando. Aquí está, por fin, el libertador ¡Que Buena Noticia!

VIERNES
“ No tengáis miedo ”



San Marcos 6, 45-52

En el Evangelio de hoy Jesús se revela como un Dios poderoso, que se despliega fuera de los límites de la naturaleza.

 Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente.
 Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. 

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra. 

Jesús viene hacia los discípulos sobre las olas, para manifestarles algo desde siempre válido: como Dios se abre camino por encima de las olas, así triunfa con su venida Jesús sobre el vendaval.

Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. 

Jesús los invita a creer y a esperar. Sin embargo, muchas veces nuestra actitud es similar a la que tienen los apóstoles: seguimos teniendo miedo, o miedos.

Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.

Es que a Dios no siempre se le ve. Hay muchas tormentas en nuestra vida. Pero el evangelio hoy nos muestra que Dios siempre está con nosotros, que «viendo nuestros esfuerzos» por alcanzar la orilla, se pone en camino para rescatarnos y llevarnos a puerto seguro

 Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: «Animo, soy yo, no tengáis miedo». 

Entró en la barca con ellos y amainó el viento. 
Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.





 Por eso, una y otra vez el mismo Jesús viene a nuestro encuentro, para que podamos seguir remando. Lo hace en su Palabra, en los sacramentos, en la oración personal, en la presencia de los otros… Basta con abrir el corazón, para que Él lo ocupe. ¿Te atreves?



JUEVES
“ Se puso a enseñarles con calma ”





san Marcos 6, 34-44 

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. 

La compasión y amor de nuestro Dios al ver a sus hijos como ovejas sin pastor, hace que se olvide de sí; aun cansado sigue enseñándoles, les instruye con calma

Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y ya es muy tarde. 
Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer». 

Tanto es así que les llegó la noche. Los discípulos, en sus razonamientos, tenían una solución para que no pasen hambre: que vayan a las aldeas cercanas a comprar.
Elles replicó: «Dadles vosotros de comer». 


Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?». 

Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?

 Id a ver».

 Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces». 

Traedme lo que tenéis, aunque sea poco. Y vamos a compartirlo. Lo demás me lo dejáis a mí. Y todavía hay un detalle: “sobraron doce canastos”. ¿Hemos pensado en lo que se podría hacer con lo que a nosotros nos sobra?

Él les mandó que la gente se recostara sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. 

Tomando pues los panes, el Señor los partió y les confió a los discípulos el honor de distribuirlos. No quería solo honrarlos con este santo servicio, sino que quería que participaran en el milagro, para que fueran testigos bien convencidos y no olvidaran lo que habían visto con sus ojos… Por ellos hace sentar a la gente y distribuye el pan, con el fin de que cada uno de ellos pueda dar testimonio del milagro que se realizó entre sus manos…

Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. 
Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.




¡Cuántas veces no somos de estos discípulos que van al Señor a decirle lo que tiene que hacer! Hoy El Señor nos sigue invitando a implicarnos, a ponernos en movimiento, a no permanecer indiferentes ante la situación de sus hermanos, aquellos que sufren o se pierden por no tener quién les hable de Dios. 

Podemos y debemos ayudarlos con lo que somos y tenemos. ¡Señor Jesús, Pan para la vida del mundo! Enséñanos a descubrir siempre tu presencia y tu accionar en todos los acontecimientos pequeños y grandes de nuestra vida.

MIERCOLES

“ A los que habitaban en sombra de muerte, una luz les brilló ”


Ayer celebrábamos la Epifanía, la manifestación del Hijo Unigénito, hecho niño en Belén, a los pueblos gentiles. Hoy contemplamos la manifestación de ese Hijo Unigénito, hecho hombre, predicando a todos los pueblos el Reino de Dios y llamándolos a la conversión y sin olvidar llevar a todos la luz de la fe. 

san Mateo 4, 12-17. 23-25 

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. 

Se retira a Galilea y comienza su predicación recorriendo todos esos lugares fronterizos y paganos, para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto el nuevo camino que Jesús nos trae, yo soy el Camino, aceptar este camino nos lleva a la conversión. 

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». 

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 

Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó. 

Nuestro Dios ha plantado su tienda en medio de su pueblo. No ha hecho distinciones entre judíos y gentiles. Él ha venido a salvarnos a todos y a curar todas nuestras enfermedades y dolencias; a sanar nuestro cuerpo y nuestro espíritu.

Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.



NecEsitamos la conversión de corazón, tener fe en Jesucristo, amarnos unos a otros como El nos amo. 

Esta es la Verdadera Navidad. 

MARTES

“ Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo ”






según san Mateo 2, 1-12

El camino de los magos es el camino de la auténtica fe.

 Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? 
Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». 

Es un don de Dios, algo que está por encima de nosotros y más allá de nosotros. La fe no se merece, se agradece. Esta primera llamada de Dios no nos deja indiferentes. Muchos vieron la estrella y se quedaron en sus casas, pero otros, dejaron todo y se pusieron en camino.

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías. 

Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». 

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». 

Un camino que no es nada fácil: La estrella aparece y desaparece. En este camino hay luces y sombras; presencias y ausencias. En la dificultad, hay que seguir buscando, hay que preguntar, indagar y, sobre todo, hay que fiarse de Dios. La estrella, después de haberse ocultado, volvió a brillar con más luz.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 

Lo esencial es el encuentro con Jesús. No lo encontraron donde ellos pensaban, pero en aquella cueva y en aquella pobreza, no dudaron en reconocerle como rey y adorarle.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 

Le ofrecieron lo mejor que tenían: la “mirra” del dolor y sufrimiento propio de nuestro cuerpo mortal; el “incienso” del alma, creada a “imagen y semejanza de Dios” y el “oro” del corazón. Lo importante no eran los dones sino lo que éstos significaban: cuerpo, alma y corazón. Le ofrecieron no sólo lo que tenían sino lo que eran: su ser, su persona, su vida.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.


En todo encuentro con Dios hay que cambiar, convertirse, regresar a la vida, pero por otro camino. Si hemos entrado a la Iglesia por el camino de la mentira, debemos volver por la senda de la verdad. Si hemos ido por el camino de la soberbia, al ver a un Dios que se rebaja y se hace niño, regresamos por el camino de la humildad; si hemos entrado por el camino de egoísmo, al ver el amor de Dios enviándonos a su propio Hijo, regresamos por el camino del servicio y entrega a los demás.
 En un auténtico camino de fe, nada puede seguir igual.

LUNES

“ Aquel de quien escribieron los profetas, lo hemos encontrado ”



según san Juan 1,43-51 

En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme».

Ayer fueron Juan y Andrés los que siguieron a Jesús por las palabras del Bautista. Después Andrés, ya seducido, llevó a su hermano Pedro a Jesús. Hoy es el turno de Felipe y Natanael. Felipe, cosa rara, sigue a Jesús sin intermediarios; una fulminante palabra de Jesús es suficiente. Evidentemente no es posible ser seguidor de Jesús en solitario. El auténtico creyente siente el impulso de compartir su fabuloso descubrimiento. Quien ha descubierto a Jesús vive en otra galaxia, y ve el cielo abierto con la escalera preparada para alcanzarlo.

 Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: 

Jesús, hijo de José, de Nazaret». Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?».

Es normal que la vida de una persona buena y piadosa que no ha descubierto a Jesús, esté marcada por miedos y desencantos. Y que viva con interrogantes parecidos al de Natanael: ¿Es que puede haber cosa buena en esta sociedad? ¿Es que puede esperar el Señor algo bueno de alguien tan miserable como yo? Pero el descubrimiento de Jesús lo transforma todo.

 Felipe le contestó: «Ven y verás». 

Felipe repite las palabras de Jesús a Juan y Andrés en el Evangelio de ayer. El conocimiento de Jesús no es cuestión de doctrinas y mandamientos; es cuestión de experiencia personal.

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». 

Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

 Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». 

Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». 

Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre». 

A los transfigurados por el encuentro con Jesús se les promete el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando. La unión de Dios y del hombre; en Jesús. La unión de cielo y tierra; en Jesús.

 “te vi”. Ya San Agustín acertó cuando explicaba: “En Dios, mirar es amar”. Te vi a ti en concreto, a tus sentimientos, tus ilusiones, tus proyectos, tus dudas, tus luces, tus sombras, tus búsquedas, tus fracasos, tus intentos, tus logros, tus relaciones…. Te vi a ti en concreto, te amé a ti en concreto, y te elegí como compañero, amigo y colaborador a ti en concreto.

DOMINGO

“ Para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama ”




según san Juan 1, 1-18 
San Juan evangelista nos introduce en el misterio de Dios. Insondable, inabarcable, incomprensible para nuestra capacidad limitada, pero fascinante. Nos habla de un Verbo que antecede al tiempo, una Palabra suficiente para crear todo lo que vemos.

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. 
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
Pero nos habla, a su vez, de cómo esa Palabra anterior a todo, creadora de cielo y tierra, llega hasta nosotros encarnada en un hombre idéntico a nosotros en todo salvo en el pecado. Ese es el gran misterio de la Natividad de Jesús que hoy se hace niño en el portal para que nada de lo humano le sea ajeno, para experimentar las fatigas, los dolores y el sufrimiento que tú mismo puedas vivir en tu vida.

 El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. 
Es Dios el que viene a nuestro encuentro, es el Verbo el que se encarna, se hace carne, cobra vida sensible a nuestros sentidos, no en apariencia, no como si estuviera representando un papel, sino radical e inconfundiblemente de verdad. 
Ante el misterio de la Natividad sólo cabe la admiración, sólo es posible suspender el razonamiento y quedarse balbuciendo porque de otra manera no nos cabe en la cabeza que Dios haya cobrado cuerpo y sea hombre verdadero como nosotros.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. 

Los judíos esperaban la salvación a través del Mesías prometido, pero lo que les llega de la mano de Dios es Dios mismo encarnado. No supieron verlo como dice el evangelista porque los suyos no lo conocieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo:

«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. 

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo. 
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.



Sólo cuando somos capaces de trascender lo que los ojos ven -la historia personal del nacimiento que estos días adornan nuestras casas- para suspender el entendimiento ante la contemplación del misterio, sólo entonces empezamos a atisbar lo que supuso hace dos mil años y supone día a día en tu vida que Dios se haga hombre. 
Y antes que hombre, un chiquirritín indefenso que tiembla. Ahí está tu salvación. El Verbo se ha hecho carne para salvarte, para pagar la deuda que habías contraído con tu pecado. Envuelto en pañales, tiritando en la noche de paz, se acuna nuestra salvación. Bendito sea Dios.

ULTIMO DÍA DEL CONSISTORIO

Nuevo Consistorio en junio, el Papa: haremos uno cada año 



Al término de la última sesión del Consistorio, León XIV expresó su voluntad de continuar por este camino, en "continuidad" con lo solicitado en las congregaciones generales previas al cónclave, y confirmó la Asamblea Eclesial de octubre de 2028. Los cardenales Brislin, Rueda Aparicio y David ilustran los trabajos de la mañana y la tarde: "Hemos trabajado en unidad, que no es uniformidad". Un pensamiento para Venezuela y las iglesias que sufren guerras y violencia.


El primero concluyó esta noche, pero ya está listo el próximo encuentro: dos días en junio, en torno a la solemnidad de los santos Pedro y Pablo. Un nuevo Consistorio extraordinario espera al Papa León XIV y a los cardenales de todo el mundo en el Vaticano. Fue el propio Pontífice quien anunció esta segunda reunión estival en el discurso conclusivo de la tercera y última sesión celebrada este jueves 8 de enero de 2026 por la tarde que reunió a 170 cardenales, electores y no electores. 




 El Papa explicó además que el encuentro de estos dos días se sitúa "en continuidad" con lo que se pidió a las congregaciones generales antes del Cónclave, y expresó su voluntad de continuar celebrando consistorios con una periodicidad anual y con una duración de tres a cuatro días. Ya lo había anticipado en el discurso de ayer, miércoles 7, al asegurar que este Consistorio será "una prefiguración de nuestro camino futuro". Confirmó asimismo la Asamblea eclesial de octubre de 2028, anunciada el pasado mes de marzo. 


Agradecimiento a los presentes y cercanía a los ausentes 

Además de los anuncios, León XIV quiso dar las gracias a los presentes por su participación y apoyo. Dirigió un agradecimiento especial a los cardenales de mayor edad por el esfuerzo realizado para estar presentes: "Su testimonio es precioso", y expresó su cercanía a los purpurados que, desde distintas partes del mundo, no pudieron acudir a Roma en estos días: "Estamos con ustedes y les sentimos cercanos".

El Papa habló de una "sinodalidad no técnica", la que dice haber experimentado entre ayer y hoy, marcada por una profunda sintonía y comunión, y por una metodología pensada para favorecer un mejor conocimiento mutuo, teniendo en cuenta la diversidad de trayectorias y experiencias de cada uno. De ahí derivó el recuerdo al Concilio Vaticano II, fundamento del camino y de la renovación de la Iglesia, así como la aclaración de que los otros dos temas propuestos y no votados ayer por la asamblea -la liturgia y Praedicate evangelium- están estrechamente vinculados al Concilio y no deben ser olvidados.



No faltó, por último, tanto por parte del Papa como de los miembros del Colegio Cardenalicio, una mirada a la situación general del mundo, que hace "aún más urgente" una respuesta por parte de la Iglesia, llamada a hacerse cercana a las Iglesias locales que sufren guerras y violencias.



El pensamiento puesto en Venezuela 

En este contexto, aunque los temas del Consistorio eran otros -sinodalidad y misión a la luz de Evangelii gaudium, votados ayer por mayoría-, no faltó una reflexión, en particular por parte de los cardenales latinoamericanos, sobre la situación de Venezuela. De ello se hizo portavoz el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, Colombia, durante una conferencia de prensa nocturna junto a los cardenales Stephen Brislin, arzobispo de Johannesburgo (Sudáfrica), y Pablo David, obispo de Kalookan (Filipinas). El arzobispo colombiano recordó las palabras del Papa en el Ángelus del 4 de enero, al día siguiente del ataque de Estados Unidos, cuando León XIV "expresó su profunda preocupación por lo que está ocurriendo en Venezuela y se comprometió a alentar el diálogo y la búsqueda de consensos, invocando la paz, para construir una paz que sea al mismo tiempo desarmada y desarmante, que busque unir a los pueblos en el respeto de los derechos humanos y de la soberanía".



Vivir la sinodalidad como "compañeros de camino" 

Los tres cardenales ponentes ofrecieron también un balance de los temas y del clima general de los trabajos, iniciados por la mañana y continuados por la tarde, marcados por momentos de canto y oración, y por una pausa para el almuerzo en el atrio del Aula Pablo VI, con la presencia del Papa, que entregó a cada uno la medalla de su pontificado. La sinodalidad, la necesidad de vivirla como "compañeros de camino", su reflejo en el ejercicio de la autoridad, en la formación y en el trabajo de los nuncios, así como la necesidad de vivirla en la Curia con "una mayor internacionalización", junto con la relectura de la exhortación apostólica de Francisco, Evangelii gaudium, -un texto que no ha "caducado" con el pontificado anterior y que sigue interpelando a las diócesis, a la Curia romana y al propio Papa- fueron el centro de las reflexiones de los grupos lingüísticos. Veinte grupos en total: once formados por cardenales no electores y nueve por cardenales electores, ordinarios de diócesis y nuncios aún en servicio, explicó el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni.


"El Papa tomaba notas, estaba muy atento" 

Por su parte, Brislin definió la experiencia como "muy enriquecedora", gracias a la diversidad de perspectivas que permitió profundizar en las necesidades del mundo. Una ocasión, por tanto, para conocer y conocerse. "El hecho de que en junio haya un nuevo encuentro es una señal de que el Santo Padre se ha tomado muy en serio que podemos ayudarlo en su papel de Sucesor de Pedro", aseveró. "Ocho meses después del Cónclave, el Papa ha querido convocarnos para escucharnos", añadió Rueda, lo que "nos fortalece en la misión de la Iglesia". En tono distendido, aludiendo al jet lag -"No puedo creer que todavía esté aquí, hoy hemos empezado muy temprano, a las siete"- y al "beautiful setting" ("maravilloso contexto") del Consistorio, el cardenal David elogió ante todo el formato de los trabajos y la conversación en el Espíritu, gracias a la cual "todos pudieron hablar", y valoró especialmente que el Papa "escuchó más de lo que habló": "Tomaba notas, estaba muy atento, y los aportes que ofreció fueron muy enriquecedores para todos nosotros".



La importancia de conocerse 

Un periodista preguntó cuáles habían sido los verdaderos elementos de novedad surgidos de este Consistorio, dado que muchos de los temas ya habían sido ampliamente tratados durante la doble sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad. Brislin respondió que la novedad no debe buscarse "solo en las discusiones", sino en la misma "oportunidad de conocernos y escucharnos". "Es importante porque venimos de distintas partes del mundo; algunos son cardenales recientes, otros lo son desde hace mucho tiempo". El Papa, añadió el arzobispo de Johannesburgo, "quiere ser colegial, quiere escuchar, quiere apoyarse en la experiencia y el conocimiento de los cardenales de las distintas regiones del mundo, porque eso puede ayudarle a guiar a la Iglesia". Los perfiles son "diversos", pero se ha trabajado "en una armonía que no es uniformidad", concluyó el cardenal Rueda.



El laicado y la participación de la mujer

 Sobre los temas abordados, los periodistas preguntaron también si la cuestión de la participación de los laicos y el papel de las mujeres en la Iglesia había estado presente en las discusiones. Al respecto, el cardenal David manifestó: "¿Cómo no reconocer el papel de las mujeres y sus ministerios en la Iglesia?". "Ciertamente", el tema femenino es "una preocupación constante", acotó el purpurado filipino, recordando los resultados -publicados recientemente- de la Comisión para el estudio del diaconado femenino. David aludió también al "clericalismo" y retomó la idea del "sacerdocio" del pueblo de Dios, inspirada en el Concilio Vaticano II: "Hablamos del cuerpo de la Iglesia: tenemos la cabeza de la Iglesia, pero no solo la cabeza, también hay un cuerpo. Las personas tienen el poder de participar en la vida y en la misión de la Iglesia".




CONSISTORIO EXTRAORDINARIO, SANTA MISA


8 de enero, sigue en directo desde la Basílica de San Pedro, la Santa Misa presidida por el Papa León XIV con los Cardenales participantes en el Consistorio extraordinario (7-8 de enero de 2026).



"Queridos hermanos, lo que ustedes ofrecen a la Iglesia con su servicio, a todos los niveles, es algo grande y extremadamente personal y profundo, único para cada uno y valioso para todos; y la responsabilidad que comparten con el Sucesor de Pedro es grave y onerosa", afirmó el #PapaLeónXIV en su homilía durante la santa misa con los cardenales participantes en el Consistorio Extraordinario este jueves 8 de enero de 2026.  






El Santo Padre partió de la exhortación de la Primera Carta de san Juan: “Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios”, afirmando que el Consistorio es “un momento de gracia en el que expresamos nuestra unión al servicio de la Iglesia”. Desde esta perspectiva, invitó a vivir el encuentro no como un acto funcional, sino como una experiencia espiritual compartida.


“Detenerse para orar, escuchar y reflexionar” 
Reflexionando sobre el significado del término Consistorium, el Sucesor de Pedro explicó que puede entenderse a partir del verbo consistere, es decir, “detenerse”. “Todos nosotros nos hemos detenido para estar aquí”, afirmó, destacando que esta pausa implica haber suspendido actividades y compromisos para “discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo”. En un contexto social marcado por la prisa, el Papa señaló que este gesto recuerda “la importancia, en cada trayecto de la vida, de detenerse para orar, escuchar y reflexionar”, evitando así el riesgo de “correr a ciegas o dar golpes en el aire”.

“No estamos aquí para promover agendas”

 El Pontífice fue claro al indicar el sentido del encuentro: “No estamos aquí para promover agendas -personales o grupales-, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera”. Un discernimiento, añadió, que solo puede venir del Señor y que orienta la vida y la misión de la Iglesia. En el corazón de la celebración eucarística, el Obispo de Roma invitó a los cardenales a ofrecerlo todo: “Pongamos todos nuestros deseos y pensamientos sobre el altar, junto con el don de nuestra vida”. Solo así, explicó, podrán ser “purificados, iluminados y transformados” por la gracia, para aprender a escuchar la voz de Dios y acogerse mutuamente como don.




“No un equipo de expertos, sino una comunidad de fe”
 El Papa recordó que el Colegio Cardenalicio, aun siendo rico en capacidades y dones, “no está llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe”. En ella, los dones ofrecidos al Señor y devueltos por Él están llamados a dar fruto según su Providencia, en una lógica de comunión y servicio. El “detenerse” propio del Consistorio fue definido por León XIV como “un gran acto de amor -a Dios, a la Iglesia y a los hombres y mujeres de todo el mundo-”. Un acto que se concreta en la oración, el silencio, la escucha recíproca y el hacerse voz de las comunidades confiadas al cuidado pastoral de los cardenales.

“Denles de comer ustedes mismos” 

Al mirar los desafíos del mundo actual, el Santo Padre reconoció que la Iglesia puede sentirse insuficiente ante “una humanidad hambrienta de bien y de paz”. Sin embargo, retomando las palabras de Jesús, recordó que siempre es posible, juntos, encontrar los dones necesarios: “La Providencia nunca hace faltar los ‘cinco panes y los dos peces’ cuando sus hijos piden ayuda”. En la parte final de la homilía, León XIV expresó su gratitud a los cardenales por el servicio que prestan a la Iglesia, subrayando la responsabilidad compartida con el Sucesor de Pedro. “Siento la necesidad de contar con ustedes”, afirmó, encomendando finalmente el trabajo y la misión común al Señor con palabras de san Agustín, en una actitud de confianza y humildad ante Dios.

https://youtu.be/seXnK0Z638o?si=2z5PLtbkwRbqvUMs

jueves, 8 de enero de 2026

CONSISTORIO EXTRAORDINARIO

EL PRIMERO DE LEÓN XIV



 7 Y 8 DE ENERO


El Papa a los cardenales: Cuento con ustedes, para ser una Iglesia que mira más allá








El Papa León XIV reunió a los cardenales presentes en el consistorio extraordinario de esta semana para una misa matutina el 8 de enero en la Basílica de San Pedro, diciéndoles que están reunidos no para promover "agendas", sino para participar en un "discernimiento" que "viene del Señor".





 En la tarde del 7 de enero, al comenzar el consistorio,

León XIV concluyó ayer la primera sesión del encuentro con los cardenales con un discurso espontaneo, tras el trabajo en grupos lingüísticos en el Aula Pablo VI. El Pontífice expresó su gratitud por los dos temas, sinodalidad y misión a la luz de la Evangelii Gaudium, elegidos por votación de una lista de cuatro propuestas. «Gracias por esta elección; los demás temas no deben perderse de vista. Hay cuestiones muy concretas y específicas que aún debemos tratar».




«Siento, experimento la necesidad de poder contar con ustedes: ¡son ustedes quienes han llamado a este servidor a esta misión! Por eso, quisiera decir que creo que es importante que trabajemos juntos, que discernamos juntos, que busquemos lo que el Espíritu nos pide». Una vez más, al concluir el primer día del Consistorio Extraordinario que convocó en el Vaticano, el Papa León XIV solicitó nuevamente el apoyo y la asistencia de los 170 cardenales presentes. Tras su discurso introductorio en el Aula del Sínodo ayer por la tarde, 7 de enero, el Pontífice intervino de nuevo por la noche, esta vez en el Aula Pablo VI, donde los 20 grupos, divididos por lenguas, fueron llamados a seleccionar dos de los cuatro temas propuestos para la reflexión y el estudio. La sinodalidad y el espíritu misionero a la luz de la Evangelii Gaudium fueron los dos temas elegidos por los cardenales «por clara mayoría», de una lista que también incluía la liturgia y la constitución apostólica Praedicate Evangelium. El Papa León no participó directamente en los grupos, sino únicamente en la sesión plenaria, donde los nueve secretarios de las mesas, compuestos por cardenales extranjeros (los de la Curia Romana son más fáciles de consultar, explicó Prevost), presentaron, en un máximo de tres minutos, su trabajo y explicaron las razones de la elección de los dos temas, que centrarán las sesiones de esta mañana y la última de esta tarde.



"Un tema es inseparable del otro" 

Al final, el Pontífice volvió a intervenir para expresar su gratitud "por todo el trabajo realizado ya en esta primera sesión" y por la "gran mayoría" de los temas elegidos en todos los debates, enfatizando que "un tema es inseparable del otro". "Hay mucho que podemos explorar juntos", enfatizó el Papa León, "pero queremos ser una Iglesia que no se mire solo a sí misma, que sea misionera, que mire más allá, a los demás". La razón de ser de la Iglesia "no es para los cardenales, ni para los obispos, ni para el clero", afirmó el Papa, sino "proclamar el Evangelio". Por ello, León agradeció la elección de dos temas: Sínodo y Sinodalidad, "como expresión de la búsqueda de cómo ser una Iglesia misionera en el mundo de hoy", y Evangelii Gaudium, "para proclamar el kerygma, el Evangelio con Cristo en el centro. Esta es nuestra misión". "No debemos perder de vista los demás temas. Hay cuestiones muy concretas y específicas que aún debemos tratar", aseguró el Papa León, expresando su deseo de que cada uno de los cardenales "se sienta verdaderamente libre" para comunicarse con él o con otros en este "proceso de diálogo y discernimiento".



El camino es tan importante como el resultado
 En su breve saludo, el Papa también citó las palabras de uno de los secretarios, quien sugirió que "el camino fue tan importante como la conclusión del trabajo en la mesa". Es esa experiencia de colegialidad la que el Pontífice espera que sea fruto de este Consistorio: este, dijo, «ofrece a la Iglesia y al mundo un cierto testimonio de voluntad, de deseo, reconociendo el valor de unirnos, de hacer el sacrificio de un camino —para algunos de ustedes, muy largo— para venir, estar juntos y buscar juntos lo que el Espíritu Santo quiere para la Iglesia hoy y mañana». 
 El tiempo de la reunión es «muy breve», pero «es un momento muy importante también para mí», dijo León, reiterando —como en su discurso inaugural— que es «importante que trabajemos juntos, que discernamos juntos, que busquemos lo que el Espíritu nos pide».




"¿Hay vida en nuestra Iglesia?"
 En sus palabras de clausura, el Papa volvió a citar pasajes de su homilía del día anterior durante la Misa de la Solemnidad de la Epifanía celebrada en la Basílica de San Pedro, tras el cierre de la Puerta Santa. En particular, reiteró la pregunta: "Preguntémonos: ¿hay vida en nuestra Iglesia?". "Estoy convencido de que sí, sin duda", aseguró el Obispo de Roma. "Estos meses, si no los hubiera vivido antes, sin duda he tenido muchas experiencias hermosas de la vida de la Iglesia. Pero la pregunta sigue siendo: ¿hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para lo que nace? 




¿Amamos y anunciamos a un Dios que nos pone en un nuevo camino?". Sin duda, hay un camino por recorrer; no podemos escondernos tras la idea de que "todo está hecho, terminado, hagamos lo que siempre hemos hecho". El Consistorio, por tanto, nos ayuda a caminar juntos, reiteró León, repitiendo también el pasaje de su homilía en el que, citando al rey Herodes, afirmó que «el miedo ciega», mientras que el Evangelio «libera», nos hace «prudentes», sí, pero también «audaces, atentos y creativos; nos sugiere caminos diferentes a los ya recorridos». Así pues, el Consistorio, para el Papa León XIV, «es una de las muchas expresiones en las que podemos experimentar verdaderamente la novedad de la Iglesia. El Espíritu Santo está vivo y presente también entre nosotros. ¡Qué hermoso es estar juntos en la barca!».