lunes, 21 de diciembre de 2015

EL EDICTO DEL EMPERADOR AUGUSTO


EL VIAJE A BELÉN

José y Maria de camino a Belén para ser censados (3)

 El Edicto de césar Augusto había resonado por toda la tierra, y José fue obligado a ir a Belén, ciudad de David, para inscribirse en las tablas del censo.

Evangelio de Luacas

""1 En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo.
 2:2 Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria.
 2:3 Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.
 2:4 José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David,
 2:5 para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada"".



El personaje de referencia aquí era Cirenio y lo que ocurrió sucedió durante su gestión como gobernador de Siria. Este Cirenio era en realidad Publio Sulpicio Quirinio. César Augusto le envió a hacer el censo de los bienes de Judea, anexada a Siria en la organización del imperio, con el fin de determinar mejor el impuesto aplicable.

 Flavio Josefo, un historiador de la epoca,es uno de los autores que menciona este censo, relacionándolo con una revuelta.

En el orden del empadronamiento, cada quien debía ir al lugar de origen de su familia. Tanto José como María eran descendientes directos del rey David, de la tribu de Judá, que había nacido en Belén. Por tanto, se consideraba esta como “su ciudad” o lugar de origen.

 María lo acompañó: los designios de Dios se realizan porque estaba escrito que era de Belén de donde debía salir el jefe conductor de los hijos de Israel.




 Los dos esposos pobres, humildes, ignorados, atraviesan los montes y planicies, sufriendo con paciencia y fatiga el frío de la estación y las privaciones que acompañan la pobreza.

José pendiente de María , un día y otro día, una noche y más noches. Pero también preocupado por el Hijo de Dios.

La llegada a Belén



 Apenas llegados a Belén, buscaron largamente, para la noche, un alojamiento de puerta en puerta. Fueron rechazados. No había lugar para ellos, dice el santo Evangelio.






 Triste, pero paciente, san José condujo a la santísima Virgen a una gruta donde los pastores guardaban sus rebaños; ahí es donde debía nacer el Mesías.

Y en ese humilde luar el Amor se hizo Carne.

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